Es que tu sabes que sin ti…, por Madre Hotelera

Amo la música. En mi casa siempre suena algo de fondo, y si no está encendido realmente, al menos suena adentro de mi cabeza.

Será que hace unos días me dormí cantando mentalmente y eso me llevó a tener este sueño bastante particular: el hijo de unos amigos, pareja de cantantes famosos en su país, decidía a sus casi 12 años poner una farmacia en la esquina de la casa, porque había llegado a la conclusión que ante las malas noticias, la gente nunca iba a prescindir de los remedios, y él como visionario que era, quería estar preparado desde chico.

Su padre estaba siempre sentado en el mismo bar, y cuando lo veía me comentaba que estaba trabajando en un proyecto interesantísimo. Todas las noches igual, sin develar el misterio. Hasta que un día haciendo zapping en mi supuesta casa (que no era mi casa, ni mi barrio, como a todos nos pasa en esos sueños confusos), lo veo al niño farmacéutico en CNN hablando sobre su emprendimiento con mucho orgullo, y el hallazgo familiar de un método revolucionario: como sus padres eran artistas, decidió montar un escenario en la puerta de la farmacia, y las noticias las daban cantando.

Su papá con hoja en mano puntual a las 11 AM, ante un público bastante heterogéneo que bailaba al ritmo del son, cantaba desde los datos del tiempo y resultados deportivos, hasta el estado del tránsito, mientras su mamá acompañaba con su dulce voz.

La facturación cambió radicalmente, cada vez vendía menos remedios, el fuerte estaba en la venta de gaseosas y snacks al público matutino. El objetivo estaba cumplido, el mix de ventas había cambiado, pero la gente estaba más feliz.

Me desperté cuando un huésped le preguntaba a nuestro concierge Sebastián, que todo lo puede, las coordenadas para ir a escuchar las noticias. El método era todo un éxito, hasta lo más terrible se percibía diferente.

Más allá de la anécdota, el inconsciente reafirma una vez más mi relación con la mejor terapia que conozco. La música es sanadora, ayuda a salir de cualquier tristeza, aunque sea por el rato que dure esa conexión. Acompaña en las buenas y en las malas. Es refugio. Es libertad. Es nostalgia y otras veces esperanza. Genera amistades, encuentros, amores.

Poder expresarse y bailar lo que a uno le gusta, o cantar en voz alta, no importa si bien o mal, es liberador. Ya el sólo hecho de animarse a experimentarla nos cambia el humor, como provoca cualquier pasión con la que uno se identifique.

Soy mujer y silbo por la calle, en los pasillos de mi trabajo, en el supermercado, y la gente me mira y a mi me extraña que les extrañe. Casi siempre es el mismo tema, “Capullito de alelí”, seguido por un popurrí de canciones cubanas de antaño.

Mis hijos lo heredaron, o se los transmití, no sé bien como funciona. Juan era muy chiquito y cantaba mientras jugaba, recuerda letras de canciones con claridad, y ella que recién está empezando a hablar, no las canta con claridad, pero lo hace con tanta gracia, que le creo que canta bien.

Así es como una noche en mi cocina, a unas berenjenas se les truncó el destino cruel de ser rebanadas y acompañadas por salsa y queso, para convertirse en perfectos micrófonos que nos hicieron cantar a los gritos y bailar por media hora. Todos nos olvidamos de comer, de las obligaciones, de todo. Disfrutamos de interpretar y soltar el cuerpo como cada uno quería. ¿Y las berenjenas? Jamás las comimos.

No sólo para mi la música es poderosa,  Juan cree que es mago a veces, y logra ejercer utilizando distintas cosas, como una rama en medio de la calle, un cepillo de dientes, o en este caso puntual, su organito. Dice que es mago de cosas chiquitas, hace desaparecer migas de pan, o bolitas, aunque esta vez se metió con algo grande: su música cambia el clima.

–  ¡¡¡¡¡¡¡Mamaaaaaaa!!!!!!! ¡¡¡¡Veniiiiiii!!!! (salgo corriendo, pensamiento de madre: “se abrió la cabeza”)

– ¡Mira lo que hago, esto te va a emocionar!… toco música de ‘teror’ y el sol se va… toco ‘de mosquito’ y sale el sol de nuevo. ¡Ta ta  ta taaaaan… se va el sol! ¡mirá! ¡mirá!

Para él no existía causa efecto de viento y nubes, sólo su poderoso teclado. Él veía como entraba el sol por la ventana, y eso sólo pasaba cuando se esmeraba con su música de mosquito, lo más agudo, el final de su piano, lo que en otro momento pasa a ser el efecto ‘gotitas de lluvia’, ahora hacía salir el sol.

Hace poco vi en el cine “A Roma con amor”,  de Woody Allen, quien creo que es amigo mío aunque no me conozca. Él tiene el recurso para filmar lo que yo imagino y mucho más, y en este caso uno de los protagonistas de la película, que resultaba ser un tenor increíble, sólo podía expresarse al 100% en la ducha mientras se bañaba. Cuando le ofrecían hacerlo público él respondía con humildad que no era cantante, y de hecho le iba mal en las audiciones, sin embargo las escenas del baño y sus interpretaciones con tanto sentimiento eran dignas de una ópera, mientras cerraba los ojos para que el shampoo no lo molestara.

¿Qué será lo que nos censura para no animarnos a cantar, o a bailar como en la última hora de un casamiento, cuando ya no nos importa mucho estar impecables, sino el disfrute pleno de la celebración?

En mi cocina ahora hay un micrófono real, y lo usamos para jugar y cantar en otros idiomas, los idiomas desconocidos, los inventados en el momento. Cantamos el feliz cumpleaños en ruso, o la farolera en japonés. Pensarán que estamos locos, puede ser, pero si se sacan la vergüenza por un ratito, prueben hacerlo, no hay forma que no se rían, al menos, de ustedes mismos.

Vuelvan a las fuentes, pongan un poco de música en su cocina, en su living, donde más les guste. Tomen de la mano a quien quiera disfrutar de eyectarse unos 5’ de la rutina, y bailen en pareja, lo que les salga, lo que sientan.

Ríanse si se pisan. Disfruten de volver a mirarse después de un giro. Canten si quieren. Si no entienden lo que cantan, canten lo que entiendan, no hace falta ser expertos para sentirse bien, lo importante es dejar que el cuerpo haga lo que quiera. Si están solos también, hagan de cuenta que está toda la banda tocando sólo para ustedes, todo el escenario es suyo. Estoy segura que varios Jagger y Madonnas de bañadera y cepillo en mano se estarán riendo en este momento…

Y si quieren probar el método revolucionario….al segundo tema pongan el noticiero… sin expectativas de ver a Santo entonando apasionado un alerta meteorológico al ritmo de Los Decadentes, pero sí comprobando que la posible tormenta les caerá diferente.

Los tengo que dejar… me voy a bailar un rato, ¿Se animan?

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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3 respuestas a Es que tu sabes que sin ti…, por Madre Hotelera

  1. Mariana Socorros dijo:

    Excelente como siempre!!!

  2. CRISTIAN dijo:

    impresionanteeeeeeEEEeeeeeEEEEEEeeeeEEEE, Y TE LO DIGO MODULANDOOOOoooooOOOoooooOOOOooooooOOOOOOOOOOO!!!!!!!

  3. virginia dijo:

    mi capillito de aleli…..tralalalalli!!!reina reina genia genia!!!!
    maravillosos!!!amo la musica , creci en mi casa con ella escuchando todo el dia , clasica etc me gusta toda!!!!pero no canto mucho , lo pondre en practica !!!1mi capullito de alelei !!!larala la la alla ri! besosoos y segui asi…..

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