The Small Bang Theory, por Madre Hotelera

Se dice por ahí que todos llevamos un niño adentro. A algunas personas se les nota más que a otras, terreno en el cual no voy a entrar para lo negativo, sino para lo positivo que nos deja parecernos a veces a los niños, en la creatividad, en la transparencia, en la simpleza.

En algo que sí coincidimos y creo que no cambiará jamás, es en la imposibilidad de dimensionar cómo es que estamos acá, cómo nació el universo, cómo tenemos este cuerpo, cómo funciona todo, cómo somos una máquina tan perfecta y la naturaleza resulta ser tan sabia.

Cuando trato de razonarlo, me siento más chica que mis hijos, me asombro, pienso que se debería haber creado primero la cámara y después todo lo demás, así quedaba registro del paso a paso, como si fuese un programa de bricolage de todo lo que nos rodea. Pero bueno, respeto al creador y parece ser que armar la cámara no era prioridad. Claro, nací en una época en la que todo queda registrado, y mis hijos ni hablar.

Desde hace un año transitamos la época familiar de los “¿por qué?” A veces resulta peor que un ping pong de Feliz Domingo, con lo cual la cuarta respuesta del por qué a un mismo interrogante, termina siempre en dos responsables: por Dios o por la fábrica. Lo tangible: por la fábrica. Lo intangible (o difícil de explicar), porque Dios lo hizo así.

A Juan lo intriga su hermana, me ha llegado a cuestionar enojado: ¿¡Qué le hiciste!? ¿Por qué le sacaste cosas?… ¿Cómo la hiciste a Cori de acá hasta acá? – Limite 1: los hombros. Limite 2: se lo imaginan – Arrancan los primeros capítulos de hombres vs. mujeres, semejanzas y diferencias, el cual se extenderá toda la vida, y en unos años escucharé por el pasillo: ¡Mujeres! ¡¡Mujeeeres!!! ¡Todas locas!…. y ella dirá: ¡Hombres! ¡Hombres! ¡Todos iguales!!… por ahora sólo estamos con problemas de anatomía, no sé si gracias a Dios… o a la fábrica.

El cielo de ayer con su celeste brillante también fue protagonista de varios cuestionamientos. Su abuelo le contó el por qué de los colores y Juan sacó sus conclusiones. Se habrá guardado varias, otras las comentó, como por ejemplo que alguien estornuda arriba y por eso las nubes se mueven rápido, hasta imaginar entre los dos que existe un arquitecto que vive bien alto y tiene una mano gigante que cuando hay mucha niebla saca edificios, y cuando el cielo está limpio los pone de nuevo.

Al papá de Juan le tocó un ping pong particular también…

– ¿Dónde es el país de los dinosaurios, se puede ir y ver a todos los que están muertos?
Es que en realidad los dinosaurios estaban por todos lados, acá mismo alguna vez fue todo campo y seguramente pasó un dinosaurio.
Ah… ¿Y  los podemos ver?
No eso fue hace mucho tiempo, cuando no había gente todavía.
Ah.…. -unos segundos después- ¿Y quién hizo el cielo?
…Dios lo hizo
– ¿Y se cansó?
Y no sé… quizás si.
– ¿Y lo puedo ver a Dios?
No, nadie lo vio, está en el cielo.
Ah… y cuando sea un viejito y me vaya al cielo ¿lo voy a poder ver?
Sí, ahí lo vas a ver.
– ¿Y cómo es ese lugar?
No sé porque cuando uno va no puede volver y contar…
Y… no puede llevar un teléfono ni nada…
– Mmm… no, no se puede.
– ¡Pero los angelitos si tienen teléfono!
Puede ser, pero para hablar entre ellos, no nos pueden hablar a nosotros para contarnos cosas.

Para Juan su ciudad siempre fue así, imposible imaginar todo vacío, pensar que alguna vez su casa fue un campo, que la catedral y los dinosaurios no fueron contemporáneos, que donde ahora hay un supermercado con leche en góndola, antes había una vaca, y todo era directo de fábrica, sin intermediarios.

Hace poco llamamos un médico a domicilio, que no paró de observar toda la casa mientras atendía a los chicos. Miraba el termómetro y se asomaba al pasillo. Cuando terminó la consulta no dijo esto es un asalto, el señor era médico realmente, y su curiosidad por la casa radicaba en que él había vivido en nuestra habitación. Nos contó que la casa antes era una pensión donde vivían muchos estudiantes, y su hijo jugaba en mi jardín. A Juan le cuesta la ciudad entera, a mi me cuesta pensar en mi casa con otras personas, pensar en las historias de cada rincón que ese señor debe recordar, sus desayunos y el sol en la cama, ¡En mi cama! es rarísimo. Hay varios desconocidos que añoran los mismos rincones que yo recordaré en unos años. Tan raro como estar ahora escribiendo en el escritorio de un Hotel, que en el pasado habrá sido una superficie despoblada, quizás con un astillero, o un depósito portuario, algo frío y tosco, que hoy se transformó en algo cálido y acogedor.

Me cuesta dimensionarlo a mí, ponerle fechas, pensar escenarios, no puedo esperar menos de él. Los vacíos que se llenan, las casas que no estaban, las personas que se fueron, los del elenco estable que para él deben ser eternos, y los new arrivals con toda la novedad de su concepción, su anatomía, y el tener alguien nuevo con quien jugar al que conoce desde la panza, sea primo o amigo, de donde provenga. Y sí, es raro.

Yo quería una cámara para el minuto cero, mi ahijado quiere llevarse el metegol al cielo porque cree que se aburrirá, y varios ahora estarán pensando en la Play supongo, cruzando los dedos para que sea cada vez más chiquita y así no llevar tanto equipaje. En la era de la tecnología, parece que sin objetos nada puede ser divertido…

Yo creo que arriba deben charlar todo lo que acá quizás no tuvieron tiempo de hablar por correr el día entero, por atender el celular, por estar pendientes de otras cosas.

Juan quiere un teléfono para seguir comunicados, qué bueno estaría… ¿Habrá WiFi? sería buenísimo chatear al menos.

Me imaginé llamando: “Sí, buenas tardes, quisiera hablar con mi abuelo, dígale que se quede tranquilo que Racing sigue en primera, por acá andamos todos bien, nos seguimos riendo con sus frases memorables” o “Páseme con mi amigo que le quiero contar unos 10 años de anécdotas acumuladas” Me encantaría…

Hasta tanto ese teléfono utópico se invente, me quedo con el recurso de seguir hablando por las dudas, todas las cosas que siento y no guardarme nada, ni los te quiero, ni los gracias, ni los perdoname, ni los te extraño. Nunca se sabe, y siempre hace bien.

Espero que hagan lo mismo, es más sano transitarlo así a seguir esperando que el teléfono revolucionario de Juan algún día llegue.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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