Mucho más que un piropo, por Madre Hotelera

Que Puerto Madero es uno de los sitios más lindos de la ciudad, no cabe duda. Todo cuidado, pensado, perfecto, ideal para un retrato.

Ayer cuando salí del Hotel se estaba realizando una producción de moda, con una de las grúas como co-protagonista de la gráfica. La otra parte de la foto la ocupaba una modelo divina, subida a unas plataformas eternas, altísima, a la que quise mirar con más detalle pero el sol lo impidió. Tuve que mirar para arriba para encontrar su cara, me encandiló. Mido 1.60 y ella me llevaría fácilmente 30cm con sus zapatos modernos. Detrás suyo un grupo de asistentes le acomodaba hasta la última onda del pelo, para que quedara estratégicamente despeinado para la foto.

Los hombres pasaban y la miraban, mirábamos todos en realidad, ellos con otra evaluación. Yo pensaba en las plataformas, como las controlaría en el empedrado, que moda extraña que solo aumenta el trabajo de los traumatólogos para mí, que estéticamente no me gusta. Sólo podría lucirlas con esa piernas eternas y finitas.

Observaba el peinado, pensaba que productos usaría para tenerlo así…en fin, mirada de mujer, desmenuzando un look como generalmente hacemos todas.

Los hombres en cambio la miraban con otros ojos, algunos querrían darle varios platos de ñoquis para que tuviera mas curvas. Para otros era hipnótica, seguramente ni recordarían lo que tenía puesto si les hubiese preguntado al minuto después.

Estos últimos, por más que admiraran su belleza, nunca se lo demostraron más que con la mirada. Los únicos valientes que si lo hicieron estaban en grupo, y sí, en grupo todo es más fácil, la vergüenza se hunde y se comparte, y desde ese punto sale el coraje para gritar lo que sea.

Cuando arranqué mi adolescencia, mi peso duplicaba al de la modelo de ayer, y media menos que ahora. Lo que se dice, un verdadero tapón. No estaba muy contenta con ello, pero tampoco era motivo de gran conflicto, de hecho quienes me instalaron el complejo fueron esos grupitos con coraje para opinar sobre la belleza ajena.

Un día caminando por la plaza pasaron tres chicos, y en lo que fue uno de mis primeros piropos ganados, recibí con sorpresa: “!Qué curvas rubia!… ¡toooda redonda!”
Ahora me río, aunque en su momento fue como uno de esos chasquidos de dedos para despertar de la hipnosis.

Tratar de pertenecer al grupo standard que clasifica para el piropo, me llevo 8 temporadas, mucha ayuda, mil trastornos, ver una imagen distorsionada que cambiaba mas rápido de lo que mi cabeza podía digerir.

Muchos pasamos por esa etapa, de hecho pocos declaran las fotos de su juventud, si no es con vergüenza o justificando su realidad en ese entonces. Los varones siempre muestran con orgullo la foto en la que “tenia el pelo por acá”, o “la que estaba flaco”, y las chicas la de los 20 looks que tuvieron durante un lapso de 2 años quizás, porque lo nuestro siempre es más complejo, el aburrimiento o el querer cambiar cualquier situación externa, lo depositamos en el pelo, corte, color, liso, rulos, cejas, ropa ad hoc para ese nuevo look, y ahí si, en unas horas parece que la vida estuviese resuelta, somos una más en Sex & The City, sólo que no llegamos al estrellato porque vivimos lejos de Hollywood.

Este sábado pasado hubo reunión en mi casa, se extendió 12hs, más que un casamiento. ¿Cansadas? Sí, ¡pero nunca de hablar! Entre los cien temas que fuimos picando y quedaron inconclusos, apareció por ahí la estética. A todas les gustaría poder cambiar algo, tener más de esto, subir un poco tal cosa, bajar tal otra. Mientras charlábamos yo tomaba fotos, y de todas mis bellas amigas, solo pocas no tuvieron conflicto con la imagen espontánea, la que me gusta tener de recuerdo, mientras fruncen el ceño preocupadas por un relato o estallan en una carcajada por alguna anécdota. Amo esas fotos.

En esos clicks al aire escuche varios “ay no me saques que estoy horrible”, “¡mirá como tengo el pelo! no, por favor”, “esperá que me acomodo”, “ay no estoy ni maquillada…” Y claro, no estamos todo el tiempo con el equipo de producción atrás que nos acomoda el rulo. Corremos el día entero, trabajamos, estudiamos, somos amas de casa, nos ensuciamos jugando con los chicos. El tiempo se llena con otras cosas, con experiencias más nutritivas que la mejor crema para peinar, o el mejor antiarrugas.

Mientras sacaba las fotos les pedía que se olvidaran de la cámara, jurándoles que estaban todas divinas, todas tenían una luz diferente. A mis ojos estaban perfectas, a los suyos parece que no.

Estamos en una época en la que nos invitan permanentemente a estar mejor, a cambiar lo que no nos gusta como si eso bastara para sentirnos realizadas. ¿Y una vez que terminó el tratamiento? ¿Qué viene después? Nos bombardean con ofertas de modelaciones relámpago, recibimos descuento hasta para un disparatado reductor de orejas, ¡Sí! orejas, no ojeras, ¡leyeron bien!. Seguramente podríamos estar mejor, pero el camino es infinito.

Pienso que en estos tiempos, si Marilyn estuviese viva, algún productor la hubiese convencido de entrar a un reality para bajar de peso. Eva Perón quizás hubiese logrado bajar los tobillos que tan preocupada la tenían y nunca quería mostrar… como si alguien los recordara. A Frida alguna esteticista la hubiese paseado por todos los canales mostrando su revolucionario perfilado de cejas.

Por suerte los chicos ven otras bellezas, tienen otros parámetros estéticos. Cuando Juan tenía 2 años, vio pasar dos mujeres por la calle, eran como su mamá en la adolescencia, con muchos kilos demás y ropa muy al cuerpo que no pretendía disimular nada. Paseando con espontaneidad casi carioca, riéndose muy sueltas, Juan les dijo valiente y desfachatado: “Uuuy… chicas hemooosaaaas…” Les habrá visto la risa, las habrá visto felices, no las comparó con nada, ni con las que puede ver en revistas, para él eran simplemente “hemosas”.

Hay bellezas para cada ojo. Las mujeres a veces vemos especiales a otras mujeres, o admiramos su gusto para vestirse, que es sólo lindo para nosotras, quizás no resulta sexy para un hombre, pero sólo una mujer sabe lo que es llevar con estilo un pelo muy corto, una prenda lánguida, una cara sin una gota de maquillaje.

Con el tiempo me di cuenta que tengo una selección de piropos que me gustaron mucho más que los estéticos, que fueron mejores que los del montón, viniendo de desconocidos, amigas, amigos, marido.

Una noche una drag queen, llena de purpurina, lentejuelas, mucho gloss y pestañas postizas violeta, me invitó a una obra de teatro que promocionaba. Mmm, ¿te parece? le respondí. ¿Así vestida? ¡no clasifico! Mirate a vos, ¡sos una fiesta de color por donde te mire!. A lo que contestó: “mi amor, yo pasé horas poniéndome todo esto, a vos no te hace falta, tenés brillo propio”. Para mi fue un piropo, tomándolo de alguien que ha superado tantas barreras mentales y se ha animado a ser coherente con su deseo, sí que fue un gran piropo aunque resulte raro.

Atesoro unos reconfortantes “nunca voy a mirarte, sólo con tu cabeza y tu corazón me basta” -agradeciendo que no siguiera con un que macanuda sos-. “Me encanta que me cocines” -aunque yo creyera que estaba todo quemado-. “Me encanta que te sonrías” –aunque mis dientes no estén alineados-. “Me gusta la sensación de cada vez que hablamos: te siento mi casa”.

¿Raro no? nos dicen cosas lindas y cuesta hacernos cargo.

Mis piropos reconfortantes son los de largo plazo, los que ven el final del recorrido, los que alimentan otras cosas. En definitiva cuando todo indefectiblemente se caiga, ya no haya tratamiento para levantar nada, salvo un sistema de poleas permanente, siempre nos llenará una buena charla, y alguien con el mismo espíritu para compartir, con una sonrisa franca, unos ojos sinceros y esa pureza en la expresión que nos hace diferentes, que es lo que por ahora es sinónimo de belleza para Juan, y por suerte, cada vez más para mi.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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4 respuestas a Mucho más que un piropo, por Madre Hotelera

  1. Leandro Di Mare dijo:

    Excelente nota! Soy un hotelero y gastronomico que disfruta de la vida. Gracias a quien haya escrito esta increible nota!

  2. virginia dijo:

    no resisti y entre tos y tos lo lei!!! que maravilla lu!!1 sigue siempre la magia en ti!!!! que lindo poder expresarse de esa forma todo lo que sentis y te pasa!!!!!!me saco un poquito la tos , lastima que me dejo sin aire de lo magico que es tu relato!!!jaja besososo

  3. Sebas dijo:

    No creo ser el único que después de leer (y sonreir) volvió a mirar la foto del comienzo con otra mirada…genia Lu!

  4. Luvila Liwszyc dijo:

    Es genial. Y es la primera vez en mi vida que me atrevo a decir que tengo algo que ver con esto.
    Vos me entendés.
    Me impacta ver como las mujeres “somos habladas por vos” (diría un lacaniano).
    Cuanta pelea mental, para aprender las cantidades exactas de la eternamente buscada “Receta”…
    Te adoro. Luvi

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