Diario de una pasión, por Madre Hotelera

Parece ser que un buen día y casi por casualidad, me convertí en blogger.  Hasta hace unos meses ingresaba al sitio para leer los posts de Julieta que me encantaban, y hoy  me encuentro esperando que llegue el martes para publicar lo que escribo, y disfrutar de los comentarios.

Cuando se fue Juli quedo el espacio para hacerlo. Me pareció tierno acercar la visión de Juan sobre lo que él asume de mi trabajo ‘de hotel’, y así empezamos.

Con el correr de las semanas me entusiasmé con otras anécdotas y las publicaciones siguieron, con éxito para mi entender, he recibido unos feedback divinos con los que me he emocionado más de una vez.

No escribía nada antes de esto. No tengo la costumbre de leer tampoco. Julieta devora libros y siempre me pareció coherente su amor por la lectura-escritura. Por mi parte, los únicos libros que consumo son los de cocina, nada muy literario más que una receta bien explicada.

Se puede decir que en el momento menos esperado, descubrí una nueva pasión, a los 36, cuando se supone que a esta edad uno ha explorado varios terrenos, y no es común que aparezcan muchas cosas nuevas. Inesperadamente, me llegó.

Encontré un espacio diferente, me leo a veces y me siento el Ravi Shankar dando consejos, aunque después justifico esa vergüenza interna pensando que esto  es solo compartir mi forma de ver la vida, cosas que a mi me funcionan, que me hacen sentir en paz conmigo misma después de haber pasado épocas dentro de un lavarropas.  Me gusta  haber llegado a estos pies que tengo ahora y creo que a alguien le puede servir, al menos de disparador. Me ha acercado más a mis compañeros, han surgido charlas y confesiones después de algunas publicaciones, me han agradecido por llevarlos un rato a su cabeza infantil, en fin, me siento una privilegiada.

La semana pasada uno de ellos llegó a la oficina contando los problemas que había tenido para llegar hasta el trabajo. El colectivo donde viajaba en un momento frenó, comenzó una discusión entre el chofer y un taxista que bajó envalentonado con su termo para el mate, y no tuvo mejor idea que tirarle el agua caliente al chofer del colectivo. La pelea empezó en el colectivo, se bajaron, siguió arriba del taxi, con medio cuerpo adentro del auto seguían peleándose. Es raro, hasta nos reíamos cuando lo contaba, sólo porque no lo vivimos, parecía de película imaginarlo, pero no, la gente era real, no había ningún actor en la escena, lamentablemente demasiada realidad junta.

Los imaginé con caras que quise pintarles, llenas de furia, a las 8 de la mañana, arrancando el día así.

A veces siento que largarse a la calle es lo más parecido a andar por el Amazonas… bueno, con un poco mas de ruido, pero sin saber que nos vamos a encontrar.

Hay como un stress contenido, todos locos, todos corriendo. La gente discute por sacar un auto de ventaja en donde sea. A veces llegar al trabajo nos lleva más de dos horas si a algún grupo más enojado que el resto, se le ocurre protestar. Y ahí ya no tenemos como pelear, nos quedamos con todos los apuros y deseos contenidos, que no justifican andar con agua caliente para tirar por ahí a quien nos saque de quicio, pero sí nos impide tener el humor de cuando estamos limpitos, como cuando recién nos levantamos y nada nos invadió hasta esa hora.

Recibimos bombardeo de noticias -malas- generalmente, peleando para llegar hasta el trabajo, peleando para llegar a nuestra casa, a buscar a los chicos al colegio, a algún curso, a un turno con el médico… Simplemente, peleando para llegar a vivir unas pocas horas nuestra vida en la pequeña selva privada, la de puertas adentro.

Empecé a hacer cálculos sobre las (pocas) horas que uno se dedica a si mismo, el tiempo que queda en el día para el disfrute, gracias a vivir así, en medio de la jungla.

A ver si estoy muy equivocada: 12hs que implica el trabajo aproximadamente (pensando en 9 laborales más movilizarse ida y vuelta) +30’break-merienda+30’para hacer las compras + 30’preparar la comida + 1:30’  proceso de baño -cena –dejar todo listo para el día siguiente. Este cálculo nos da la friolera de 15hs de obligaciones. Pensando en un descanso de 8hs (utopía total), me quedaría para el disfrute un 6.25% de las horas que paso despierta… un horror.

Claro, como para no tener un día de furia. Me pregunto como será esta conversión de horas unos kilómetros más lejos de Buenos Aires, como se vivirá en Santiago del Estero, movilizándose quizás en bicicleta hasta el trabajo, ya tengo 3hs menos… pensando en siesta, con otra cabeza. Ni siquiera hace falta viajar tanto, ya en Luján debe ser diferente.

Ese 6.25% del día por supuesto que a veces varía, no porque las obligaciones bajen, sino porque restamos horas a esas 8 de descanso (y ahí escucho el botón rojo sonando).

Cuando no era una mamá activa, solía bailar en mi tiempo libre. Antes pintaba, dibujaba, cocinaba mucho, se ve que necesito expresarme…

Empecé mil veces el gimnasio, pagando la cuota para generarme la obligación. Imposible. No duré más de 3 meses. Jamás me llenó. Cero satisfacción en levantar una pesa, algo que supuestamente era lo correcto. Mi correcto estaba en el goce, no en la obligación. Bien por mí.

Mi denominación de tiempo libre, necesito que realmente sea eso, ¡Libre!, hacer algo que me guste, que me llene.

Ya no tengo tiempo para bailar mi musiquita cubana como antes, la cambié por pasarla del salón de baile a mi cocina, con mis hijos o mi marido, a bailar lo que salga. Del horno a la bacha tiro unos contratiempos, me miro reflejada en la ventana, me siento en un escenario… Mi público: una nena de 2 y un nene de 4, que se ríen a veces y practican de a poco y las plantas de mi jardín, que gracias a Dios no hablan.

Encontré en esas conexiones con uno mismo un pulmón de manzana, lo más parecido a un viaje, como la sensación que deja una buena charla, o un encuentro con amigas o unas sesiones de mimos con mis hijos. Un reseteo mental.

Ahora a los gustos ya asumidos, le sumé el gusto por la escritura. Me hace bien, me gusta hacerlo. Tengo una oficina de redacción bastante particular: el micro que me traslada 60km hasta el trabajo. ¡Hay que optimizar! Lo escribo cuando me subo y el final lo dejo para cuando llego a la oficina, con cafecito en mano, para releerlo y editarlo.

Siento que si ese porcentaje de cabeza libre aumentara por día, estaríamos todos con un poco más de paz para salir a la jungla, más nutridos, mejor preparados. Pareciera que todo es salida de energía, y para alimentarnos no hacemos mucho, siempre hay otra cosa más importante para hacer, por el resto, no por uno mismo.

Estaría bueno jugar a que es una obligación más, a una clase de Tango considerarla como un paciente más que está en la sala de espera, una página en blanco para quien le guste escribir puede llevar una hora, como una visita a un cliente. Un rato de running, cocinar algo por capricho, arreglar las plantas, reciclar un mueble, hacer el ejercicio de conectarnos con nuestro deseo un rato a diario, quizás nos haga estar más fuertes para el 93.75% de tiempo poco espontáneo que nos deja la jornada.

Sería bueno invertir la ecuación, si fuese trabajo lo estaríamos haciendo, nos quedaríamos un rato más, pero parece que si es para nosotros siempre cuesta arrancar.

Ya que la densidad porteña no tiende a revertirse, al menos acercar un poquito al espíritu a que solito entone… Santiago querido… Santiago adorado... mientras tanto yo seguiré escribiendo esta columna, alimentando mi nueva pasión, deseando que ustedes también puedan encontrarse a ustedes mismos, con entusiasmo casi infantil por algo que los sorprenda.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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Una respuesta a Diario de una pasión, por Madre Hotelera

  1. Sebas dijo:

    Cuanta razón en eso de tomar nuestros actividades placenteras con el mismo enfoque que las obligaciones…yo por lo pronto cambie la rutina de lectura de esta columna que siempre me hace sonreír, siempre la leo entre un llamado y otro, entre un huésped que perdió su equipaje y otro que quiere ir al teatro, pero hoy no. Hoy lo hice en casa, con mi cafe con leche en mano y la música de fondo, sin corbata y con los rulos para cualquier lado, en mi “6.25%”…

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