80 balcones y un solo apellido, por Madre Hotelera

Entre los mil pensamientos que tengo por día, hay uno que aparece de vez en cuando, desde que “soy grande”. No esperen algo muy profundo, simplemente reflexionaba como todos tenemos recorridos que nos parecen obvios y comunes, lugares por los que pasamos a diario, que se convierten en algo parecido a un ex novio cuando la vida nos lleva a cambiar la rutina.

Pasamos a otro trabajo o nos mudamos, y cambia todo, las calles, el kioskero amigo que ya no veremos más, el colectivo, el Tetris con las cuadras a recorrer, pensar por donde cruzamos, si vamos en escalera o en “L” para llegar a destino. Espacios que antes eran como otra casa, en un tiempo no los reconocemos más.

Desde hace unos tres años recorro las mismas cuatro cuadras desde el jardín de mis hijos hasta casa. La geografía no ha variado tanto, lo que sí cambió es que tengo ahora charlas mucho más jugosas que las monosilábicas del maternal.

Cori con sus 2 recién cumplidos me hizo su primera pregunta: “mami… ¿te azutan la plantasss?” No, no me asustan por suerte, como tampoco las preguntas extrañas. Su hermano mayor nos entrena a diario al papá y a mí en respuestas inmediatas e ingeniosas.

La semana pasada volviendo del jardín vimos pasar unos flamantes padres con mellizos a upa. Los miré con ternura, ¡eran tan chiquitos!, la ropa les quedaba enorme. Juan observó en silencio, hasta que indefectiblemente, comenzó el delirio:

¿Viste ma que hay bebés sin piernas que son iguales?

¿Por qué sin piernas? Sí, hay bebés sin piernas, a estos les quedaba la ropa grande nada más.

Pero eran iguales…

Sí, iguales pero con piernas. Eran mellizos, en vez de tener un solo bebé en la panza, la mamá tuvo dos al mismo tiempo.

Los ojos se le salieron de la cara… silencio total.

Hay mamás que han tenido seis bebés, es raro pero pasa Juan.

Faaaaaaaaaaaa….Entonces.. ¿hasta 80 pueden tener?

No, 80 es mucho, aunque ¡¿imaginate lo que serían 80 bebés?!…. ¡¿cómo haríamos?!

Y el momento lisérgico arrancó. Lloramos de risa tratando de solucionar la siguiente lista de inconvenientes.

Dificultad 1: Amamantar 80 lactantes. Solución 1: Fila de espera, alguien que ayuda a pasarlos como una cinta transportadora, madre tambo, tarea cumplida, los ponemos boca abajo. El provechito sería con un sistema de xilofón, el padre, que recorre la cinta, dos golpes por cada uno hasta que se acostumbren y sepan que ese es SU momento.

Juan asumió que los niños pesarían 10kg cada uno, o sea, tendría una panza de mínimo 800kg, que según él podría ocupar media cuadra (se los imagina en trencito adentro, manos en los hombros del compañero). Creamos juntos un carro para cargar la panza así caminar no resultaría una tarea difícil. Él prometió que me ayudaría a parar el tránsito para cruzar, ya que verían un ombligo con carro y 20’ después aparecería la madre atrás. No resolvimos la hora de dormir. Boca arriba: complicado. Boca abajo: imposible. Mejor opción: de costado… sobre un container (derribando tres medianeras).

Dificultad 2: Bañar a los bebés.  Solución 2: Sugirió una gran pileta – no pensó cómo sostenerlos -. Se colocarían después en la misma cinta transportadora con un gran secador en mano. Cuando terminamos de cambiar al último, habría que volver a arrancar con los pañales del primero, pero pediríamos ayuda.

Dificultad 3: Elección de nombres. Solución 3: Arranqué sugiriendo un código alfanumérico como el de los autos, pero después de imaginarnos un “¡¡ABZ 1 vení a comer!!”, “¡BHF 3 y 4 a lavarse los dientes!”, lo cual resultaba poco afectuoso y difícil de recordar, decidimos 3 usos de inicial: Aurora, Andrés, Antonio, y cambia a la B. Así hasta completar los 80. Con la X y la Z se nos complicó,  Zenón, y se nos acabó el repertorio, seguimos con un Zustavo si no encontrábamos alguno válido.

Dificultad 4: La escolaridad. Solución 4: Ya que las salitas tienen aproximadamente 20 chicos, y con los 80 completaría 4 salas llenas de hermanos Ramírez, tendría que mandarlos a distinto colegio. Se generarían distintos grupos de amigos y ahí viene el siguiente inconveniente… ¡Los cumpleaños! 80 con 5 amigos cada uno, ya tengo un evento de 400. Piñata por 400: un atentado. Bolsitas por 400: convenio con proveedores… Caminata lunar y pelotero multitudinario nos llevarían a un supremo problemón post diversión: 800 zapatillas en el piso esperando a los pequeños dueños.

Necesitaría un gran galpón para los festejos, tan complicado como la siguiente problemática…

Dificultad 5: La casa. Solución 5: Vivirían todos en un hotel, habitación chiquita con balcón para los comunicados, “¡hijos míos! ¡a lavarse los dientes!”, desde el patio convocando a los 80 a que se asomen y así pasarles las actividades del día… con megáfono en mano claro está… me sentiría un pastor, pero el patio me lo imagino lindo, con damero y muchas flores. ¿Habrán nacido así los hoteles? ¿Un familión, una madre con un schedule complicado y un padre optimizador con capital? Averiguaré.

Sumado a las dificultades ya expuestas, han surgido tantas más.  Una amiga cuando le contaba pensó en el traslado. ¡Claro! ¡Qué detalle! Sugirió dos micros escolares para todo. Me lo imaginé ploteado: “Ramírez Brothers”, una delicadeza…

Pasó una semana de la conversación, me río, y sigo pensando en llevar esa familia No Tipo adelante con conocimiento de lo que implica el día a día. Sigo disparándome a cosas insólitas, el momento de la cena con olla popular, los 160 cubiertos, las 4 heladeras, 5 lavarropas, 15 placards que proyecté tener, los cuentos a los 80 hijos antes de dormir con micrófono, filminas y proyector para ver las imagenes, y así…

Lo que me gustó es que más allá de las carcajadas, Juan cree posible que por ser “gggande” uno podría llevar el familión adelante. Yo recuerdo todavía esas admiraciones por los grandes, cuando tenia su edad me asombraba que mi papá se tomara el tren solo, y que mi abuelo no lo acompañara a trabajar. ¡Mi mamá encendía la hornalla sin tener el permiso de mi abuela! Anarquía total. Encima se maquillaba… y usaba tacos, esos de los que yo me caía. Escribía derecho en un renglón, atendía el timbre sola. Pagaba con plata… Manejar un auto era algo impensado, y si veía que abrían el capot, listo, pertenecían a la NASA.

Ahora la grande soy yo, manejo, enciendo fósforos sin permiso, trabajo, recorro las calles que iban hacia mi jardín sola, sin que me lleven de la mano.

Juan mira con asombro que yo me ría tanto. Yo lo miro con la misma fascinación cuando su imaginación vuela y dispara la mía, haciéndome sentir de su edad por un rato, volviendo un poco a esa falta de límites mentales que nos llevan a delirar sin vergüenza, aprendiendo de su resolución de problemas sin tantos preconceptos, sin tantos NO. Abriendo el espectro.

Imaginense por un rato esa panza real de 80 bebés, permitanse pensar en muchos más inconvenientes y soluciones a los planteados por nosotros. Buen ejercicio para un buen recreo mental.

Qué lindo sería invitarlos a una reunión de creativos. Estoy segura que varios “gggandes” quedarían rendidos ante estos pequeños reyes del brainstorming.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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