Velas más, velas menos…, por Madre Hotelera

No es novedad que Noviembre y Diciembre son meses cargados, de todo, de stress y eventos sobretodo, una combinación explosiva. Corremos todo el tiempo, más que a principios de año -léase Marzo, cuando arrancan las rutinas completas en todos los ámbitos-.

Decidí hacer la semana pasada un calendario con todas las actividades que habría en cada día para no olvidarme de nada e ir planeando las semanas, y entre actos de colegio y cosas personales me encontré con la friolera de 10 cumpleaños  ¡sólo en un mes! Se ve que el verano sienta bien y aumenta la liberación de hormonas, ya que de septiembre a diciembre el gasto en regalitos sube considerablemente.

Es espectacular la previa de los cumpleaños de los chicos. No para los padres que corremos con mil cosas, sino para ellos. Arrancan meses antes hablando del tema, eligiendo la temática, cambiándola varias veces en el camino, pensando dónde lo harán, a quienes invitarán, cómo será la torta. En realidad el entusiasmo por la siguiente fiestita, empieza cuando se está yendo la gente y ellos están juntando los regalos para llevarse a su casa. Desde ahí arrancan los preparativos para el año siguiente, pero es lógico, no hay noción exacta del tiempo, y da igual decirles que faltan 365 días más a 20. Es lo mismo.

Pocas cosas son tan importantes para su vida, y el hecho de festejar con sus amigos y familia, los llena, de alegría, de besos, de regalos, de palabras lindas, con alguna cara de vergüenza en el momento de la torta y hasta unos ojitos emocionados al ver que todos los invitados están ahí para celebrar un año más. Pero los llena.

Ahora bien, este entusiasmo de la niñez, decae un poco de los 9 a los 13 años diría, para alcanzar otro pico de aumento en la adolescencia con el descubrimiento de fiestas sin padres a la vista, ahora sí, son todos “grandes”, eligen la ropa cuidadosamente con anticipación, no existe otro tema en la semana previa y posterior, que no sea derivado de la fiesta de tal.

De la adolescencia en adelante, va cayendo cada año, un poco más y un poco más, hasta que en uno de esos llega la frase menos esperada: “No… yo ya no cumplo más años… Estoy viejo”.

Negaciones de lo más extrañas, la fecha llegará igual, sólo que será más triste, más solo, con algún que otro llamado de los que se acuerden que su cumpleaños, ¿Cuándo era? Caía por Noviembre, ¿no?

Cuando somos chiquitos estamos todo el tiempo esperando que llegue el día por muchos motivos, pero dentro de esos tantos, hay uno fundamental: ser más grandes. Para los chicos sentirse mayores que otros pares implica tener más fuerza, saber más cosas, acceder a otros juegos, tener otras responsabilidades, ser más altos, que la ropa les quede más chica y tengan que salir con gusto a elegir su nueva ropa canchera.

En la adolescencia es bastante similar, tenemos otros permisos, andamos más sueltos, en unos pocos años pasamos de ser chicos a ser lo máximo, a saberlo todo, a pensar que nada nos puede pasar. Son años dentro de un lavarropas, mil emociones nuevas, cambio de fisonomía, de voz, de gustos, de amistades, de todo.

Y a partir de ahí, el modelo terminado supuestamente ya no varía tanto, la nariz no sigue creciendo descontroladamente, nuestras curvas se estabilizan, cambian los hábitos, los círculos, las amistades, los novios, pero siempre hay gente para festejar. De los 20 a los 30 está todo bien, son cumpleaños a lo Roberto Carlos, millones de amigos, amigos de amigos, espontáneos, empiezan y terminan a cualquier hora, el asunto es reunirse.

Los otros que descontrolan son los números redondos.  Desestabiliza cumplirlos. Es como juntar varios 31 de diciembre y hacer el balance general, que extrañamente cae más en esta fecha que en la de nuestro día. Los 40… looos 60, parece que nos dan otro cinturón como en el karate, bueno, ahora, a ejercer. Y nada, es un día más, pero algo en la cabeza cambia.

¿Será que es la palabra la que nos saca las ganas de festejar? Cumple-años. Cumplimos con un año más, como si se hiciera al revés la cuenta. Un año más cumplido, un año menos para vivir.

Y sí, es un poco así, pero no festejar no modifica el DNI, la fecha seguirá siendo la misma, la realidad, el cuerpo, el día a día, nos van marcando que el tiempo indefectiblemente, pasa.

Celebrar un Happy Birthday parece ser lo mismo. Parece. En definitiva quienes hablan inglés aprendieron a celebrar su día de nacimiento. Es una palabra, sólo una, pero en el inconsciente suena realmente distinto.

“Claro, la que escribe tiene 36, qué sabrá de ponerse vieja y no querer festejar”. Y sí, todavía no me jubilé. Sólo me siento más vieja que a los 25, mi cara no es la misma, se me están empezando a notar cosas que antes no me preocupaban, me siento más grande, la única parte del cuerpo que siento firme diría que son los dedos de tanta computadora y los brazos de levantar a mis hijos. Y sí, todo se seguirá cayendo, por más esfuerzos que haga porque se mantenga en su lugar.

Veo looks tan extraños a veces en la calle, madres e hijas adolescentes con la misma ropa, padres con cosas todavía más juveniles que sus propios hijos.

No pienso en comprarme un trajecito sastre y cortarme el pelo el día que cumpla mi próximo número redondo. Pienso sí que para todo hay un momento, y que lograr celebrar una vez más el día en que nacimos, rodeados de afectos, indica que hemos hecho un buen recorrido, y que es un buen motivo para reunirse. Ver que cada año que pasa se llena esa mesa de nuevos integrantes, sean novios, nietos, nuevos amigos, que quieran festejar que tenemos un año más, me parece que es un buen motivo para hacerles caso.

No sé qué recuerdo tendrán ustedes, a mi me gustaba ver como a mi abuela se le iba poniendo el pelo más blanco, o tenía una nueva arruga. ¡Ella las odiaría! Para mi era la única que cambiaba, mis papás estaban casi siempre iguales, pero ella no, tenía el pelo más blanco, era más grande, ergo, tenía más experiencia… más sabiduría. Sus palabras tenían más base que las de otro más joven. Si mi abuela lo decía, entonces tenía razón. Después la visitó el Alzheimer y yo tenía más razón que ella en algunas cosas, pero eso es otro tema.

No sé que me hubiese pasado si la veía de minifalda y con botox por todos lados, quizás no la hubiese visto tan sabia, el look le quitaría autoridad.

Cambio una buena cuota de experiencias enriquecedoras anuales por una arruga más. A quienes no le guste pensar en cumplir un año más, pidan que les canten el Happy Birthday, y celebren haber nacido, estar vivos, tener un presente con lucidez, afectos y recursos, al menos para tener una velita para soplar y resto para seguir adelante.

A que hoy un Palestino que logra soplar 60 velitas se siente diferente que cualquiera de nosotros que llega a esa edad. Y sí, vivir es un regalo y un presente como dice la canción, no hace falta un bombardeo y varios misiles para darnos por enterados.

A quien le toque leer esto en su aniversario de nacido, de mi parte, feliz vida.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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Una respuesta a Velas más, velas menos…, por Madre Hotelera

  1. Victoria Damiani dijo:

    Lu, siempre te leo y esta vez me hiciste emocionar. Genia como siempre! Besitos!

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