Todo pasa… todo queda, por Madre Hotelera

Foto especial navidad…Y se termina nomás, estamos en plena recta final, Diciembre nos tiene saltando de un lado al otro como es su costumbre.

 A mi Diciembre como cualquier otro mes, generalmente me llega antes a la cabeza. El motivo: tengo una extraña relación con la tapa del yogurt. Antes de abrirlo para comer, miro el vencimiento, y mientras lo lleno de cereales utilizando técnicas para que quede como me gusta a mi, me paseo mentalmente del presente a su caducidad. Una neurosis totalmente inofensiva, que me ha convertido en una mujer muy organizada. No uso agenda, todos los días consumo un yogurt y con él viene el chorro de cosas para hacer en los siguientes 20 días -si es del súper chino hablamos de 5 jornadas como mucho-.

El 19/11 me tocó el que vencía el 24 de diciembre. Yogurt intenso, me pasó de todo por la cabeza. Regalos a comprar, organizar las fiestas, todas las despedidas de año con amigos, fogata de deseos, de todo un poco.

A mis hijos las expectativas se les generan cuando armamos el arbolito, aunque la carta para el carismático master de la logística, la tenemos redactada desde mucho antes.

Es todo una corrida, pero bastante placentera en realidad si pienso en la meta. Me encanta imaginar sus caritas cuando abran los paquetes, esos ojos llenos de ilusión a las 12 de la noche cuando vean al tío flaco disfrazado trayendo regalos, escapándose por un pasillo para que nadie note su cara familiar. Esos dos minutos de delivery, generan tema de conversación para el resto del año, preocupados por su tremendo descenso de peso en menos de un mes, desde que lo vieron en un shopping sacándose fotos con mil niños, a ese símil fakir vestido de rojo que se acercó a dejar sus pedidos. Pobre hombre… Será que tiene que correr tanto esa noche… ¿Y cómo hace en los edificios que no tienen chimenea? ¿Cómo nunca se le mezclan las cartas? ¿En qué momento dejó regalos para mi en otras casas? ¿Por qué no me los trajo todos juntos a la misma? ¿Por qué me trajo ropa si yo pedí una nave espacial supersónica? ¿Y a los vecinos les dio los regalos más tarde entonces?

Demasiadas teorías debo elaborar para seguir sosteniendo la magia navideña. Por suerte a la familia siguen llegando nuevos integrantes, y quedan varios años para disfrutar de esa mezcla de ilusión e inocencia.

Todas las navidades fueron diferentes para mi. Cuando era chica las viví con la misma emoción de mis hijos. Las casas y el elenco fueron cambiando pero no importaba mucho la previa, yo sólo quería que llegaran las 12 y la explosión de todo, de saludos, de cohetes, de copas chocando, de regalos. De abrazos emotivos.

A medida que fui creciendo los paquetitos cambiaron, y mi valoración por ese gran día también. No miraba ya tanto el árbol, me importaba más quienes estaríamos en esa mesa repleta de adornos, comida y mil copas. El lado B de la celebración comienza cuando ese elenco se reduce, y si bien las ausencias se sienten todos los días, Navidad y Año Nuevo acentúan más cualquier pérdida. Pareciera que todo se siente más, estamos vulnerables, más permeables, con la suma de una suerte de nostalgia por el año que se va y la incertidumbre por lo que viene.

En esas teorías extrañas que tenemos sobre la muerte cuando somos chicos, estaba mi certeza de que cualquiera podía morirse, pero las fiestas no se las perdería nadie. Ese día los que partieron volverían obviamente a cenar en familia. ¿Cómo no apareció el abuelo para Navidad entonces? ¿Y faltó también en Año Nuevo? Qué raaaro… ¿Y nadie lo piensa llamar?… Ojalá hubiesen podido. Todos querían llamarlo, ahí entendí el por qué de algunos abrazos más emotivos que de costumbre con las campanadas, tenían esa desilusión detrás, igual a la mía.

Linda teoría, ¿no? sería tan distinto todo si los que andan esquivando los fuegos artificiales allá arriba volvieran un rato y nos contaran como fue su año rodeados de nuevas amistades. Lástima que no se puede. Ni con la varita mágica de mis hijos lograría convocarlos. Llegué a la conclusión que el mejor recurso sería recordar sus anécdotas más alegres y reírnos todos en la mesa reviviendo historias. Se sienten cerca otra vez, al menos por un rato.

Realmente todas las fiestas son distintas aunque se mantengan ciertas tradiciones. No abrimos la casa para cualquiera en esos días, es nuestra mesa, es un momento muy íntimo, y compartirlo con alguien que recién se incorpora, sea novio, amigo de la familia, nuevo hijo, nuevo nieto, lo hace aún más especial. Hasta las conversaciones tienen otro tono a las de cualquier cena anterior. Será la ropa, la previa, los preparativos, el saber desde la mañana que estaremos todo el día haciendo cosas en función de las 12 de la noche, como si fuera un casamiento… No lo sé. Si sé que el 24 podría ser un día de 5hs para niños y señores, y de 30hs para nosotras. Los chicos aplacarían sus ansiedades en esa tarde que se hace eterna y nosotras no correríamos tanto con los tomates rellenos y las cuatro fuentes de comida que todavía falta preparar en nuestro pico máximo de síndrome de post guerra, transpiradas en la cocina proyectando que no alcanzará “esa comida” para todos. La realidad indica que en una hora y monedas, se cumple con la maratón gastronómica, sobra de todo, y a pesar de eso, el año próximo reseteadas y acaloradas, repetiremos la misma escena.

Es el folclore de las fiestas, distinto en cada lugar del mundo, igual que el 31, recibiendo el nuevo año con la tradición que cada país elija.

El 31 para algunos podría durar diría, hasta 48hs. El día D. El bendito balance, acompañado de los cientos de mails, llamados y  mensajes congestionados que llegarán el 1 de Enero tipo tres de la tarde.

Es raro el 31. Es el final de la carrera. Lo logramos. ¡Llegamos! ¿A qué? No sé. ¿A cumplir un año más? Puede ser, aunque eso debería pasarnos en nuestro día, pero esto es como si todo el mundo cumpliera años el 31/12. A quienes el año los trató bien, no quieren que se termine. A quienes pellizcó y cacheteó bastante, desean que se acabe ya, como si fuera un hechizo. Se termina el año y todo lo malo se va.

Creencias extrañas, es un día sólo, pero lo cierto es que a todos les cambia la cabeza el 1 de enero. Los que vienen con mala racha están haciendo control mental para revertirla, me los imagino moviendo el cuerpo como antes de entrar a la cancha, con grito y todo: ¡Vamos que podemos eh! ¡Vamos que este cambia!

Y sí, parte es el entorno, parte está en los libretos creo yo, y otra parte fundamental está en nosotros, en como encaremos los problemas, en qué plan B tenemos pensado para ciertas situaciones que son a veces imposibles de torcer.

El 2012 fue un año movido para todos. La calle parece una olla en ebullición sin nadie que atine a apagar el fuego, y esto es algo que afecta a todos, defendamos la ideología que sea. Los bolsillos se ajustan cada vez más, lo cual me hace pensar en un Papá Noel con equipaje más liviano, un verano con vacaciones quizás más cortas, y un amor renovado por la querida Pelopincho, dispuestos a mirar con otros ojos una ciudad vacía que nos dejará jugar a ser turistas por un rato.

Cualquiera sea el balance que toque hacer, deseo que esta realidad tan frágil los haga valorar aún más su entorno y sus afectos. Que las carencias que puedan haber aparecido, no invadan otro plano, que no lleguen a devaluar lo que somos.

Todo pasa. Todo queda. Mientras que tengamos la dicha de mirar los fuegos artificiales desde abajo, hagamos todo lo posible para que el espíritu esté cada vez más nutrido, de amores, de amistades sinceras, de tropiezos y aprendizajes, de risas, de descubrimientos. De vida. Nuestra más sabia inversión. Nuestro mejor patrimonio.

El 2013 ya nos está abriendo la puerta para darnos una cálida bienvenida, espero que su amabilidad dure unos 11 meses más y nos trate bien a todos.

Les deseo unas felices fiestas, esperando que reciban lo que para mi es el mejor regalo que les puede tocar. Ese, el que no se puede tocar.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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Una respuesta a Todo pasa… todo queda, por Madre Hotelera

  1. Gus dijo:

    La verdad es que usted, Madre hotelera, tiene pasta de escritora. Me ha llevado a muchos lugares comunes, me ha hecho emocionar con el recuerdo de alguien querido y hasta me imagine saliendo a la cancha con ese grito de Vamos…
    Se viene el 2013. Vamos que se puede.
    Gracias Madre hotelera. Felicidades a usted y su hermosa familia.

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