Cabecita de novia, por Madre Hotelera

niña-pensandoAyer tuve un día de cabeza inquieta, no tan diferente a cualquier otro en realidad. Mi cabeza y yo somos particulares. Paramos una vez a diario para dormir, bah… yo duermo, ella no tanto como debería, y menos por la madrugada si por algo se despierta, cuando un absoluto silencio la hace funcionar más de lo que las dos desearíamos. Creo que nos turnamos para descansar, porque resulta un notorio placer cuando coincidimos durmiendo juntas.

En los momentos de insomnio mutuo pasamos por cientos de temas a la velocidad de la luz, salvo días como el de ayer, cuando nos detuvimos en lo que sería el evento relevante de la jornada. Un gran cambio en la vida de un gran amigo.

Anoche un renglón del libreto indicaba que en plena cena con su amor, él diría las cuatro palabras mágicas que toda mujer espera escuchar en algún momento de la vida: ¿Te-Querés-Casar-Conmigo?

Seguido por una línea emotiva, con un  ¡SI QUIERO! enorme y en negrita, lleno de lágrimas espontáneas, alegres, únicas.

Ayer me levanté inquieta, y ella quizás ante el desconocimiento de lo que viviría, habrá amanecido como un día más, tal como yo el día que escuché ese sinónimo de Abracadabra. Mi preocupación en esa mañana sólo radicaba en los chocolates que tendríamos que comprar para emprender el vuelo de Bariloche a Buenos Aires, después de unas vacaciones para el olvido en la nieve, que incluyeron un cuello ortopédico y cien caídas. Mi alegría inocente de ese día la provocó una nevada de película, creía que no había nada mejor para terminar el viaje que esa imagen divina.

Claro, desconocía lo que venía después: una propuesta de matrimonio en el aire, arriba del avión, con el mismo libreto de anoche, y mi ¡Sí, Quiero! entrecortado entre lágrimas, interrumpido por una azafata con su “Señora, ¿Jugo o Gaseosa?”… “Juuuu gooooo!!!” respondí llorando a mares. Pobre mujer, habrá interpretado que tal elección era crucial para mi o que su jugo era tan feo que podía provocarme semejante llanto.

Ninguna de las dos. Simplemente ella estaba ahí, viendo como cuatro palabras me estaban cambiando la vida. Algo se estaba torciendo. Algo que no suponía estaba en mis manos, aunque aparentemente sí, con esos aportes inconscientes de amor y experiencias, más un día a día que lo fue llevando a tomar la decisión. Cuatro palabras simples que implican un punto de inflexión. Un hasta acá llegué. Un desde acá empezamos.

Tengo el recuerdo vivo de una imagen en mi escuela primaria, el sol entrando por la ventana alumbrando la mitad de la hoja, justo el margen derecho donde debía escribir la fecha de un nuevo día de clases, con mi lapicera de tinta y una cursiva algo rebelde.  “22 de Marzo-Sol y Nubes”. Me veo suspendida en ese renglón, pensando que ese no era más que un día común en los 80’s, proyectando que quizás llegando el 2000 se convertiría en uno importante, me encontraría celebrando algo, un nacimiento, un amor, ¡quién sabía! Muy mujer, ¿no? Y sí, somos así de chiquitas. Proyectamos casarnos con el novio de jardín, aunque nos damos cuenta después que no logrará llegar al secundario, y en el fondo tampoco queremos que llegue… ¿y si viene uno más lindo? ¡¿Qué hacemos?! Como si estuviese en nuestras manos resolverlo. Como si fuésemos la única mujer en todo el mundo.

Nacemos adelantadas, no sabemos caminar bien y ya queremos los tacos de mamá. No sabemos dominar un crayón e igualmente pedimos el “pintalabiosh” para hacer desastres cerca de la boca, creyendo que estamos divinas. Planchamos de chiquitas sobre una tabla de plástico, jugamos a cocinar, a barrer, a ser mamás de diez muñecas de cabellera desastrosa, a casarnos varias veces por día.

Y cuando pasa el tiempo maduramos, pero tampoco el cambio es radical. La ansiedad femenina creo a esta altura, que no desaparecerá jamás. Todas nos visualizamos en el altar con el primero que superó los tres meses, y creo no equivocarme mucho con la apreciación.

Encontrar el match perfecto lleva tiempo, para la mayoría de los casos, más de lo deseado. Tiempo que queremos acelerar muchas veces, o al menos tener un gurú cerca que nos diga  “quedate tranquila, te faltan 3 novios más y el cuarto ya se queda”. Si habremos pedido que nos instalen una ventanita para mirar el futuro… Lo cierto es que hay que pasar por tantos “prueba y error” como sean necesarios para que el momento de dar el sí, sea únicamente de alegría, jamás de duda por saber si es lo correcto, si fue la mejor decisión.

Tuve amores que fueron un lujo, y otros para el olvido. Pasé por uno con la casa llena de portarretratos de unos supuestos tres sobrinos, que resultaron ser sus hijos. Otro que tenía el departamento cada vez más vacío y lo justificaba con arreglos de plomería, aunque los caños rotos jamás existieron, simplemente sus muebles se habían trasladado a la casa de la mujer con la que se casó una semana después. Una joya atrás de otra. No me faltó en medio de eso otro galán amante de los viajes por el mundo, que no podía llevarme hasta mi casa a veinte cuadras… porque la nafta estaba muy cara.

Creo que no me alcanzaría el blog para estos recuerdos insólitos. Yo no tenía ganas de tanto contraste para llegar a darme cuenta quién era el bueno, pero parece ser que era necesario. Y cuando llega, llega. No existen preguntas con doble sentido en el medio, no existen las insoportables esperas del llamado mirando el teléfono para saber si tiene tono. Todo avanza, todo se habla, las cartas están sobre la mesa.

Una vez escuchadas las cuatro palabras, pensar en el pasado nos hace reír superadas, con mordida de labio incluida, como si todo le hubiese pasado a otra. Ya las anécdotas las contamos desde otros pies, no desde la queja o la vergüenza, sino desde el contraste. Pensamos en todo lo que hemos batallado para convertir monos en príncipes, y no podemos dejar las carcajadas de lado, como una amiga que hace muchos años no soportó más la espera por el llamado del chico que le gustaba, y lo llamó ella para aclararle que se había agregado el prefijo 4 a su número de teléfono, por si él no lograba comunicarse… ¿Quién no ha querido cambiar de identidad después de tantos papelones? Todo sirve, al menos para advertir en el futuro a nuestras hijas mujeres si caen en la tentación. De todo se aprende.

Después de años de montaña rusa, a veces a los gritos, a veces con el estómago en la mano de emoción, con miedo a lo que viene, con risas nerviosas, expectativas, y la desilusión o alegría cuando el recorrido termina, me di cuenta que si tiene que ser, será. Entendí que no era necesario anotarse en un curso de mecánica de autos para conocer al que tuviera los pantalones bien puestos. Ese alguien podía surgir del momento menos pensado, estando sin una gota de maquillaje, lejos de considerarnos espléndidas para enamorar.

Para mi hay algo que se enciende cuando el definitivo se nos cruza. Unas luciérnagas imaginarias, alguna palanca que Cupido administra, no sé qué es, pero algo cambia, y es difícil de explicar. Cada uno lo vive a su manera, como mi amigo que sigue mirándose la mano y no se acostumbra a que algo le brille en el dedo. Lo que él no sabe es que ya no importaba tanto el anillo, los ojos le brillaban más que la alianza desde hace tiempo, y aún más, desde ayer a la mañana.

Mi cabeza, sus ocasionales momentos de insomnio y yo, seguiremos mirando mientras duerme al inigualable señor que me dijo las cuatro palabras, proyectando con él, pensando en familia, pensando en nuestra vida juntos, imaginando a nuestros hijos grandes, imaginando nietos… Imaginando, siempre imaginando, como en la primaria cuando pensaba que el 22 de marzo sería un día importante…Uy… le erré por 4. Me casé un 18 de marzo.

Cabecita de novia, como pocas.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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