De fachadas y puentes, por Madre Hotelera

manosSoy creyente. Nací en una familia de la cual aprendí el compromiso con ciertos valores, esos que no se compran, sólo se observan y se repiten. La realidad es que cuando era muy chiquita no entendía mucho el concepto de la religión, por más imaginación que tuviera, para un chico hay cosas simbólicas que son tan difíciles de explicar como de entender, y no todos los adultos están preparados para contestar tantas inquietudes infantiles.

La palabra fe me llevó años, y comprender la existencia de Dios en todo lo que nos rodea, más todavía. A pesar de no entenderlo bien, rezaba igualmente el Ángel de la Guarda todas las noches, tal como lo hago ahora con mis hijos antes de dormir.

Me recuerdo diciendo la oración y continuar recorriéndola sin hablar hasta dormirme, pensando en el significado de algunas frases, para luego persignarme y roncar hasta la mañana siguiente.

La señal de la cruz y los integrantes de las cuatro puntas, tuvieron sus largas estadías en mi cabeza, tratando de sacar conclusiones por mis propios medios acerca de si el Espíritu Santo era el único con nombre y apellido, y el resto eran un Hijo y un Padre no identificados hasta ese momento. Todo muy difícil alrededor de una expresión que yo veía como mecánica en los adultos. Lo cierto es que con algunos movimientos no tan coordinados, algún día logré persignarme. Me convertí en grande ante mis pares en un segundo, furor por demostrar mi nueva habilidad.

El colegio religioso al que iba estaba pegado a la iglesia, con lo cual el paso era casi obligado, y consecuentemente, mi momento, lograr persignarme como mi abuela o cualquier desconocido, era algo que nos unía, sin todavía entender muy bien ese gesto de respeto y veneración.

Cuando el recorrido se ampliaba y salíamos a pasear, reconocer iglesias era todo un desafío. Iba arrodillada en el asiento trasero del Renault 12, señalando edificios hasta donde la ventanilla dejaba sacar la mano, y no era fácil reconocerlas, porque desde el auto en calles angostas las cúpulas no siempre se veían, sólo las columnas trabajadas, características de edificios diferentes a cualquier otro.

El caos llegó el día que pasé por un ministerio, y bueno, ante la duda… me persigné sin preguntar. Después llegaron el Congreso, la Casa Rosada, los hospitales públicos, los templos de otras religiones, universidades, hasta la facultad de derecho, que para mi era como otra catedral pero con más escalones. A todos esos inmuebles les dedicaba mi señal de la cruz.

Costumbre ya instalada, el reflejo venía ante cualquier edificio atípico, así llegó también mi signo de respeto una tarde pasando por un llamativo albergue transitorio, y la costumbre se cortó. Mi mamá asombrada riéndose sin parar me preguntó que hacía, y luego de la explicación llegó su lista filtrada de aquellos lugares ante los que correspondía hacerlo.

Pasaron muchos años de esa anécdota, ahora Juan tiene la edad en la que yo veneraba a los hoteles alojamiento. Mis hijos por ahora sólo se persignan después del Ángel de la Guarda, me gusta que se sientan protegidos, que sin entender quizás tanto el concepto, sientan que hay algo más que los cuida. Algo inexplicable, sin tiempo, sin cara visible, intangible, como unas grandes manos que los contienen.

Todos necesitamos sentir ese sostén, bajo la religión que se haya elegido. No tenerlo nos hace ir por la vida simbólicamente desnudos, para correr a tirarnos un placard de fe encima cuando tenemos un problema, cuando se vienen las piedras grandes.

Hace unos días uno de esos cascotes inesperados se nos puso en el camino. Al hijito de unos amigos lo visitó una señora bacteria a la que llamaré Ester Colli, porque Escherichia me resulta una palabra incómoda, y no la quiero invocar.

Ester en el término de una semana lo llevó a conocer el hospital, a lidiar con una diálisis a sus dos años. De locos, ¿no? Nos ponemos en los pies de esos papás y da escalofrío. Y sí, así lo sintieron, lo sentimos todos los que amamos a ese nene.

Un día, y una bisagra. Un cambio de vida para unos papás que veían al hospital como algo ajeno, como nos pasa a todos, mejor dicho, como queremos que nos pase.

Y una vez adentro todo cambia, estar ahí nos muestra otro mundo, una realidad tan ajena, tan extraña como esa religión que los chicos no entienden. Ahí todo es distinto. Los días, sus horas, sus tiempos de acción y descanso, las caras transitorias, los nuevos desconocidos en los que se deposita toda la confianza, todo el grupo de médicos de rostros y palabras inolvidables, todos los que hacen lo imposible para que esas familias puedan volver a casa.

En ese mundo los papás tienen un camarín instalado, en el que se pintan su mejor sonrisa con una entereza admirable cuando sus hijos abren los ojos, y se limpian el maquillaje luego cuando ellos duermen, tratando de descansar junto a su sueño. Esos papás saben que las sonrisas son poderosas, que curan en su medida, y le ganan a lo que sea.

Tengo una imagen en la cabeza, en la cual de su cama sale una soga de la que tiramos todos. Veo agarrando esa soga a una fila de doctores, abuelos, familia, amigos, amigos de amigos, algunos que trascienden fronteras, que quizás sólo lo conocen por foto, que nunca lo escucharon cantando: “Va a zer tan lindo hazer un puente, zobre el mar, todo para voz”, que ni siquiera le conocen su propia voz. Toda una red alejando a Ester, funcionando como un gran equipo de Ángeles de la guarda, dando fuerza a los actores principales que sostienen, regalando sonrisas para que se reproduzcan y lleguen hasta esa camita.

En esta red nos hemos echado todos el placard de fe encima, y creo que más de uno leyendo esto también lo hará, enviando su luz a este chiquitín y a los miles de desconocidos a los que les toca una estadía no deseada, tengan la edad que tengan, sufran por lo que sufran.

Los chicos son sabios, y él desde hace un mes está cantando su canción, pensando en puentes que lleven amor de un lado al otro, como ahora le llega a él de personas que ni conoce.

Quizás mi señal de la cruz no estaba tan errada cuando pasaba por un hospital, aunque ante esta realidad, creo que me quedé corta. Debería haber aplaudido, sacarme el sombrero y dedicarles varias buenas intenciones, enviarles mucha luz a todos los que viven ese mundo que parece tan lejano. A esos doctores que despiertan toda mi admiración, que hacen milagros con sus conocimientos. A esos papás que el milagro lo hacen con amor y risas. A esos nenes que son más fuertes de lo que nosotros creemos, que con gran elegancia, echan a varias como Ester y sus amigas para la calle.

Y si estos edificios ya no les resultan indiferentes, envíen toda su buena energía para adentro cuando pasen por la puerta. De la vereda a la cama, sólo hay un puente: una pared, nada más. Es un lugar cargado de necesidades, en el que les aseguro nada sobra, sólo las ganas de volver a casa.

Un lugar donde ningún gesto de amor está demás.

Madre Hotelera

Anuncios

Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
Esta entrada fue publicada en Hotel Madero, Madre Hotelera y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a De fachadas y puentes, por Madre Hotelera

  1. Julieta dijo:

    Ay querida Lu, que linda tu columna de hoy (como las de siempre) Me hiciste emocionar. Vos también sos un puente por el que cruza el amor, de amigos de acá, hasta amigos de allá. Seguimos rezando por él. Un beso y un abrazo viertual, que ganas totales de verte.

  2. Aned Mota centeno dijo:

    Jajaja linda reflexión Lu. Dios te bendiga y te de siempre entre tanto trabajo un ratito para que sigas escribiendo cosas así de lindas. Besos para ti y tu linda familia.

    MOTY

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s