Sin señal, por Madre Hotelera

Sin señal, por Madre Hotelera3

Enero se esfumó… ¿se dieron cuenta? Ya está, segundo mes del año instalado, increíble. Con Febrero estimo que pasará lo mismo. Son meses con distorsión de tiempo para mi. En realidad el verano en sí tiene esos vaivenes. Para quienes todavía no gozamos las vacaciones, los días se acercan a las 30hs, cenamos más tarde, el sol se queda con nosotros jugando un rato más para que vayamos por la vida con otra pausa. Compramos el sinónimo de verano=vacaciones, y nos subimos a un ritmo que al poco tiempo resulta casi incompatible con la realidad. Tardes con cabeza de playa urbana, y mañanas de coherencia laboral impuesta… bueno, coherencia buscada al menos.

Para mi los veranos son inquietantes. Siempre han tenido esa mezcla inexacta de principio y fin. Principio de cosas que queremos cumplir en el resto del año que recién comienza, y fin de ciclos a cerrar heredados del anterior, que esperan su vencimiento. Lo bueno es que a la falta de voluntad por resolver estos puntos de partida o finales, le podemos abrochar la ley del último recurso, dejando como quiebre el día que escuchamos: “¡Felices vacaciones!”… pensando que en la playa o la montaña llegará el milagro y juntaremos valor para resolver todo apenas volvamos. Desde ya se los digo: utopía total. Si lograron desconectar en ese cambio de hábitat, olvídense de su poder para controlar alguna situación a su regreso. Es otra energía, diferente a la adrenalina anual que nos empuja a actuar y resolver. Esta energía viene con trenza de colores, mate y tejo en mano, no la vuelvan loca exigiéndole cosas que exceden a su voluntad.

La transición del invierno heavy metal on stage, al verano con cadencia de son cubano, cuesta. A veces decanta sola porque ya no queda voluntad para un pogo, es como el final de un casamiento, sólo nos sostiene otra mejilla que nos acompaña de cerca en esta bajada estrepitosa de ritmo, tratando de controlar ya con muy pocos recursos, esa inercia que nos deja bailando un ratito más.

El problema es que en muchos casos, el casamiento nunca termina, el descanso absoluto parece inalcanzable, y esa transición de principios y fines resulta ser un continuado, como haber trabajado un doble turno sin lavarse la cara en el medio, sin un break, sin un café que despeje la mente. Como no haberse sacado nunca el jacket después de la ceremonia y salir así vestido para la luna de miel. Jacket en la playa, en el mar, en el spa, en la vuelta al trabajo. Jacket everywhere. Muchas veces ese traje no logra llegar a la tintorería jamás, no lo soltamos para respirar.

Con la cabeza pasa lo mismo, sacarse el modo agenda full time resulta difícil. Llegar a cortar deliberadamente con las obligaciones y meterse de lleno al goce del tiempo libre, no siempre es algo simple de alcanzar.

Mi cambio de escalón generalmente tiene lugar en la ruta. Todos los temas de peso que ocupan el día a día, se dejan ahí, y como generalmente hay más de dos horas disponibles para abordarlos, resulta suficiente para largar todo arriba del capot, con una cabeza filosa que dispara un concepto tras otro en pleno paisaje monótono, de pasto y gigantografías de alfajores, toboganes de agua, mallas, seguros de vida, neumáticos, y todos los subliminales que pretenden penetrar la que ya está para ese momento, colapsada como la Panamericana a las seis de la tarde. En esa cabeza no cabe un alfiler, ni un conito de dulce de leche de recuerdo, ahí ya no entra nada más.

Cada cual tiene su forma de encarar el trabajo, en esta permanente búsqueda del equilibrio, escuchamos especialistas hablando de la vida familiar, personal, laboral, y tantas clasificaciones como aplique quien evalúa. En definitiva, es una sola, todo es vida mezclada con esos condimentos, el tema es acomodarlos como mejor nos haga a nosotros y a nuestro entorno.

Debo reconocer que soy de las que no duerme tranquila si tengo muchos pendientes laborales que cumplir. Necesito estar en todo. No me acepto tampoco enferma, no logro caer totalmente, aunque sepa que debo hacerle caso a las alarmas del cuerpo porque resulta ser más sabio que la cabeza que pretende controlarlo. Cuando estaba de licencia por maternidad, mi papá me llamaba para cargarme: “Pasé por el hotel, no sabés… estaba todo cerrado”. Y bueno, cada loco con su tema ¿no? el asunto es que el tema realmente no llegue a volvernos locos.

Se pueden dejar en el umbral varias mochilas hasta el regreso de las vacaciones, pero la personalidad, mmm… difícil, nos acompaña a todos lados. La locura a veces compra pasaje para el asiento de al lado, se muda a la costa para no extrañarnos. Una playa con WiFi, una computadora accesible en cada lugar, un celular repleto de aplicaciones para enterarnos más, más y más cosas. Nos veo corriendo con brazos para adelante como en los dibujitos animados, con un Usain Bolt vestido de teléfono, alcanzándonos indefectiblemente. De repente todos asumimos una tarea extra de agencia Télam unipersonal, debiendo tener pleno control de la información.

Cuando yo era chiquita, las novedades a la playa llegaban pasando por la cabina de un locutorio, unos pocos minutos cada tantos días. Jamás pensar que eran a diario, o a cada hora… o a cada minuto.  Si no había un televisor en el hotel donde íbamos a parar, y encima nos dábamos la libertad de no comprar el diario, las vacaciones pasaban a ser un eyecte total del mundo real. Antes los únicos que daban información sin pedirla, eran el bañero de la playa, o el mozo en el desayuno.

Creo que pensándolo bien, eran una real definición de vacaciones de diccionario, sin nada que sonara en el bolsillo, sin ninguna lucecita roja titilando a la espera de respuesta.

Por lo pronto me faltan 10 días para intentar ese despegue. Después de varios años de partir vacaciones, este verano tomaré dos semanas completas, en busca de ese relax total que en una sola semana es difícil encontrar, porque las revoluciones bajan entre el quinto o sexto día diría, con lo cual, la limpieza mental la tengo recién en el último, el mismo en el que me preparo para volver, ergo: no la tengo, sigo con el maquillaje, más liviano, pero sin una lavada de cara total, sin experimentar ese reseteo esperado todo el año.

Stress malo le dicen al laboral, y ahora se sumó un stress bueno supuestamente, que es el que generan las redes sociales. Lo de bueno será porque Juan Carlos Facebook o Larry Twitter no nos exigen informes, no nos fijan plazos, sólo los usamos para compartir a diario lo que nos pasa.  Ahora cuando ya veo más de 3000 tweets en algún perfil, no creo que ese stress tenga nada de bueno, es la extrapolación de The Truman Show, nada más que los mil ojos espectadores,  sólo le mostramos lo que elegimos, no el paquete completo.

Todo en un teléfono. Amores, odios, obligaciones, ideas. Todos metidos ahí adentro. Esa extensión de la mano, ese aparato que nos acompaña a diario, que por suerte todavía no tiene carácter, con lo cual no logrará hacer una escenita de celos por abandonarlo en vacaciones. Sería bueno explicarle que desviaremos los ojos todo el día a quienes sí esperan atención permanente, a los que con entusiasmo y orgullo nos quieren mostrar sus esculturas en la arena, una y otra vez. A los de carne y hueso, no a los pequeños digitales.

Dicen que cuando uno baja las ideas al papel, le es más claro visualizarlas y concretarlas. Por lo pronto voy a tratar de hacerlo realidad y dejar que febrero sea mi mes vintage, sin diario, ni alertas de tránsito innecesarias, ni portal de noticias, de esas a las que seguramente en un día normal, me afecten o no, ingresaría a verlas para seguir pensando en toda esa pobre gente que protagoniza tristes situaciones.

Realidades que no puedo controlar, no puedo poner en penitencia a nadie en Irak para que recapacite un poco y si se quiere desquitar, tire bombuchas en vez de bombas reales. Las cosas no dejarán de pasar porque no me entere, pero por un rato, la cabeza necesita estar fuera de tanta realidad junta, buena y mala, para concentrarse sólo en su realidad elegida, en la familia, en la pareja, en los amigos, en los compañeros de vacaciones.

Espero volver con menos tiempo de pantalla y más vida real en la retina. Espero volver con espíritu desubicado de dreadlocks playeros y reposera. Espero volver con cara limpia y despejada.

Espero que ustedes también lo logren.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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