One of a kind, por Madre Hotelera

One of a kind, por Madre Hotelera“¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno: yo te cielo, así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida… somos de la misma materia, de las mismas ondas…
Gracias por que vives, porque ayer me dejaste tocar tu luz más íntima y porque dijiste con tu voz y tus ojos lo que yo esperaba toda mi vida.”

… … … Muda. Bocanada de aire y silencio. No puedo agregar nada a estas palabras de Frida Kahlo, a la que no le alcanzaba un diccionario entero, y decidió inventar un nuevo verbo para expresar su amor. ¿Cómo pasaría los 14 de febrero una mujer tan apasionada? Nunca lo sabremos, esos planes no los compartió con nadie, sí nos invitó a espiar sus cartas y su forma de ver ese otro mundo, el de las novelas, el de las películas románticas, el que todos esperamos experimentar algún día cuando somos chicos, el que con su llegada hace que todo explote.

Mi cabeza lo pinta como una piñata que se va inflando de a poco cuando recién comienza, y sigue creciendo hasta ese momento en el que los ojos ya no se miran, se encuentran. El día que descubrimos que ya se siente en la cara, necesitamos rápido un alfiler para pincharla de una vez.

Es esa emoción detrás de la nariz, como si alguien nos sujetara con un broche desde ahí, hasta llevarnos a esos labios que morimos por besar. ¿Imanes imaginarios? Definitivamente no. Son reales shhh… pero invisibles. En esos primeros besos únicos, no se registra nada más, así nos roce una lluvia de meteoritos, pueden cambiarnos la escenografía como en un teatro infinidad de veces, y no lo notaríamos jamás.

La realidad es que no conozco adjetivos para el amor que lo representen en Small o Medium. Su talla siempre va del L a XXXL. Es gordo, enorme, exagerado y a la vez no, es pura coherencia, así se siente. Mueve, transporta, nos ocupa el cuerpo entero cuando recién llega. La cabeza que ya no se concentra, el corazón alborotado, las piernas que se aflojan, las manos que transpiran, las mejillas que suben de tono, las risas sin sentido. Los dientes que no soportan esconderse, y la panza que ya no acepta más comida, sólo consume mariposas. Ojos vivos, labios llenos, manos que se emancipan sin permiso, que no se pueden quedar quietas, que necesitan vuelo. Manos que pierden el control, que se van solas (lo bien que hacen…).

Tan invasivo es, que cuando se va, el hueco nos desnuda. ¡Qué sensación insoportable! -léanlo con muchas erres-. Hurto total de humor y espíritu, denunciado de inmediato al amigo/psicólogo de turno que nos consolará con su versión futurista, jurando que ya vendrá otro que nos haga sentir mejor. Mutamos a una vulnerable esponja bajoneada que usa rollo de cocina, porque los tissues son sociales, sólo el rollo grande aguanta semejante ídem anterior. Mientras tanto seguimos escuchando a nuestro levantador oficial, loopeando mentalmente entre el “no entiende nada/tiene razón” cientos de veces, para terminar con un entrecortado ¡no quiero a ninguno con otro olor, ni otra voz, ni cabeza, ni la risa quiero que sea diferente! Llanto + labio estirado + nariz tapada, sólo se entendió un gran balbuceo a gritos. Y ahí él, ¿el ex? no… el flamante rollo que nos recibirá otra vez, con nuestro amigo al lado.

Nada es eterno. Lo bueno es que al tiempo del hueco se sale y se aprende -a veces-, aunque no siempre se olvida. Y algún día, muy de a poco, como pisando la orilla del mar para ver cuan fría está el agua, volvemos al romance, con miedos y entusiasmo, lo volvemos a intentar, porque es imposible no buscarlo de nuevo. Es probar el chocolate y que de un día para el otro lo saquen del mercado. Completamente inaceptable ¡a caminar se ha dicho! Una vez que lo conocimos, no se abandona, viajaremos kilómetros si es necesario para encontrarlo otra vez, para volver a sentirlo en la panza.

Amo el amor, es mi música, mi paz, se me nota, se me lee, está implícito en lo que escribo porque simplemente pienso que está en todo, traducido de maneras diferentes. Están quienes lo anhelan, lo idealizan. No faltan aquellos que lo maltratan un poco sin querer queriendo, como si fuera un objeto. Algunos ilusos creen que se compra, para otros pobres de alma es lo más parecido a una papa caliente, y existen quienes necesitan varios al mismo tiempo, o mejor dicho, varias fracciones, porque si tuviesen uno real y genuino, no andarían buscando coleccionar sin sentido. Esos no suman, siempre confunden, restan. Sólo le dan mala fama.

Para quienes no tienen compañía, este jueves simboliza uno de los días más molestos del año. La realidad es que quizás si estuviesen en pareja, ni siquiera comprarían una flor para la ocasión, pero no tenerla, hace que la soltería no pretendida acentúe cualquier acidez en ese día en el que todo parece confabularse.

Empieza el mes y ya las vidrieras muestran cada vez más corazones que se suman a esta movida melosa. Y cada gráfica es un reminder permanente que ningún solitario busca pero todo el tiempo encuentra, como un martillazo por cuadra. Sin embargo el rojo está por todos lados, floreándose, tentando siempre. Protagonistas o víctimas de vidrieras, por ese lugar común pasamos todos.

Lo cierto es que el amor es una materia tan placentera como difícil. Si hay alguien a quien apuntar con el índice en esta cátedra, es al señor Walt Disney. Hemos crecido haciendo carne sus historias, pensando que los sapos se transformaban en príncipes con un chasquido de dedos, y que casarse y ser reina de la noche a la mañana, se conseguía simplemente calzando 35.

Lo que Don Walter omitió en sus películas fue la clasificación de las distintas formas de amor, se olvidó de esos romances que no son súbitos ni de diccionario. Cuando somos chicos nadie nos explica que tener piel y conexión con alguien, es una piñata diferente, absolutamente válida y exquisita. Tampoco nos dicen que las pasiones de una semana pueden ser a veces tan inolvidables como cualquier historia de película. Sensaciones que vuelven al cuerpo tan sólo con trasladarnos a esa piel, a ese momento, y abrir los ojos jurando que estuvimos ahí de nuevo. Si no fue amor, creo que se pareció bastante…

Por lo tanto solteros, apunten los cañones al hombre congelado que hoy los hace sentir perdidos en esta “sencilla” tarea de encontrar una pareja, y no al pobre Valentín que casaba a enamorados en secreto, bendecía a quienes tenían relaciones prohibidas por diferencias de estatus social. Valentín era realista, él defendía el amor, lo único que en definitiva emparejaba a las parejas desparejas, las que la peleaban de verdad.

Dicen que estar enamorado es el mejor camino hacia la plenitud, a sentirnos felices. Pienso en esa palabra y retrocedo al Cofre de la Felicidad de Feliz Domingo. Veinte llaves. Una ganadora. Quince coqueteando, cinco amagando, trabándose para ilusionar con ser la definitiva.

Si consiguieron su pasaje a Bariloche, mis sinceras felicitaciones, serán de los valientes que mañana veré con la frente alta y el ramo en mano. Si todavía están coqueteando con las otras quince, piensen que en cualquier momento se viene una piñata por descubrir. Y si están atrapados entre las cinco imperfectas, a disfrutar el momento, recuerden siempre que Frida le dedicó su verbo inventado a una de ellas, sin pensar, sin planear que lugar ocuparía en su vida. Amó, perdió, se hundió, volvió a salir, volvió a amar. Volvió a vivir. Así funciona dicen, cada quien con cada cual.

A enfrentar el 14 entonces, Fridas, Cenicientas, Soldanes, amantes, solteros, casados, whatever, chin chin amoroso directo a los ojos, o a la almohada y sus recuerdos, brindando porque nunca se termine nuestro amado chocolate.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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