Figurita difícil, por Madre Hotelera

Justicia, por Madre HoteleraBueno, al fin… ayer sentí un poco de alivio, un suspirito de justicia, esa enorme palabra que lamentablemente es top hashtag casi a diario. ¡Cuánto hacía que no aplaudía por algo así!… ya no me acordaba. He declarado que interactúo con la tele para lo bueno y para lo malo. Así como reclamo algo a los gritos cuando alguien con acceso a un micrófono dice muchas pavadas juntas, ¿cómo no me voy a dar el lujo de festejar un paquete tan justo de cinco perpetuas? Me hubiese encantado que llegara bastante antes el alivio, pero bueno, hay algunas realidades a las que ya nos hemos (mal)acostumbrado, y hasta festejamos que sólo hayan pasado 3 años para escuchar esta condena.

 Cuando ciertos hechos nos pegan fuerte, aunque el tiempo pase, solemos tener  presente lo que estábamos haciendo cuando nos enteramos. Por mi parte nunca voy a olvidar ese mediodía mientras le daba de comer a Juan, cuando empecé a recibir llamados para saber si estaba a salvo. Claro, yo también estaba embarazadísima en ese entonces, ese también era mi banco y esa sigue siendo mi ciudad.

 Recuerdo el momento en que vi la noticia en pantalla, sin poder creerlo. Solté la cucharita anatómica, lo alcé a Juan y me abracé la panza fuerte, tanto como si me doliera a mi. Es que así era, me dolía su dolor. Se me caían las lágrimas mirando azorada como alguien pudo hacer algo semejante. Juan me preguntaba por qué estaba tan “tiste”, y yo que siempre elijo ir con la verdad adaptada a su cabeza infantil, esa vez preferí callar, eso era demasiado para un adulto, imposible entonces para sus dos inocentes años.

Qué vacío insoportable. No podía entender que un desconocido le había torcido la vida a su gusto, sin mediar resistencia.

A mi esas cosas me enmudecen, me meten para adentro, me apagan. Ayer todos hablaban de caso bisagra y las víctimas, entre el alivio y su dolor intacto se preguntaban, ¿bisagra de qué? ¿acaso algo cambió? ¿sirvió semejante pérdida para que se tomaran medidas en los bancos, en la seguridad a nivel general?

Su diferencia fue estar a punto de dar a luz, pero ¿cuántas madres pierden hijos, hermanos, familia, en hechos similares? Y todo pasa, como si nada. Los dolores parecen ser lejanos, hasta que en la ruleta un día nos toca a cualquiera.

Mal acostumbrados a todo. A que estas cosas no llamen ya tanto la atención, o que sean una más de la terrible (o temible) lista. Se nos está haciendo carne esto de ser pasta al dente a la espera de llegar al plato, a la espera de un poco de aire. Todos ravioles calientes danzando en un agua que está aún peor. Eso se respira en la calle, se enfrenta en cualquier lado.

Cambió la charla, cambió el contexto. No sé muy bien cuándo fue esta separación societaria, cuándo los amigos se distanciaron por cuestiones como estas, cuándo ya no se pudo confrontar de una manera pacífica, porque hablar de política implica elevar el tono, olvidar a quien tenemos enfrente, perder las formas.

Y todo es tan rápido, siempre hay algo, si no es una huelga conflictiva, es una nueva medida económica o una disputa legal. Desde principio de año cuando me encuentro con alguien que no veo hace tiempo y me pregunta cómo estoy, hago el recuento de alegrías y conflictos a contar, y caigo en la cuenta que los problemas del país los tomo como propios, aunque en el relato no los digo. Sé que soy una ciudadana adulta y que debo ser partícipe, pero siento que no tengo la posibilidad de mantenerme ajena en absoluto. Es como estar tácitamente obligada a elegir en el divorcio si quiero más a papá o a mamá, si soy de Boca o de River, y si elijo, qué pienso hacer al respecto, porque sólo quejarme o indignarme o apoyar moralmente, ya no es algo válido.

Declaraciones que en otro país hubiesen sido tema de conversación durante todo el mes, acá sólo ocupan una jornada completa. Al día siguiente nosotros siempre tenemos una novela nueva para entretenernos. Y todo es tan intenso que en su propia naturaleza ya no asombra, no se puede aislar y pensarlo como un hecho solitario, es una película con un guionista etílico, desordenado, que no sabe bien por dónde empezar. Todos los focos están revolucionados.

El gran problema es que nosotros que somos los extras, a veces activos y otras muy pasivos, ya nos sentimos desarmados, adaptándonos a diario a lo que el extraño equipo de producción disponga.

No hay lugar limpio, no hay espacio que esta convulsión social no invada, hasta en las redes se han dividido las aguas, mientras que antes representaban un lugar para la distracción. Todo fue cambiando, ¿avanzando? no sé, depende desde qué punto se lo mire.

Siento que antes tenía más espacio en el disco para lo mío, más cabeza liberada para mis cosas personales, para volar e imaginar, para detenerme en lo que me gusta. Ahora la porción macro se fue agrandando, invadió sin invitarla. No me deja tinta para escribir, me va enmudeciendo, como si este teclado se encaprichara y no quisiera anotar todo lo que le cuento.

Y ahí vuelvo a mi privilegio culposo, de sentir que no me cortaron la vida como a Carolina Piparo, de estar agradecida por no ser alcanzada por esa locura random que se detiene en lo que venga, sin mirar a quien, sin conciencia, sin valor alguno por la vida.

Está todo tan distorsionado… comparto su sensación de injusticia cuando objetivamente vemos que para medidas económicas y leyes convenientes, las resoluciones se toman en tiempo récord, y para la seguridad, lo que se hace y se divulga, es nada. No sirve, es nulo. Se niega el problema, aún más la solución. Se oculta, se borra, de lo oficial nomás, porque para quien fue víctima, el dolor sigue presente. Mirar para otro lado no sobrevive a nadie lamentablemente.

No necesito un bono atractivo, un índice convincente, o un dólar así o asá, si la verdad está en la calle, y si sobretodo, no hay vida para experimentar algo de todo eso.

Espero que al beodo guionista de esta extraña película argentina, se le ocurra cambiar por un rato las prioridades. Quisiera no mover la cabeza como Rafaela Carrá cada vez que salgo o entro a mi casa. Quisiera poder mirar un noticiero más de 5’ y no tener que salir

corriendo a cambiar de canal para que mis hijos no vivan asustados. Quisiera una buena noticia en la tapa de un diario, una acción anticipada, no una reacción a una tragedia, llegando tarde una vez más.

Me gustaría que las cosas tomen el lugar y la importancia que les corresponde, que quien lea este texto y quizás no esté de acuerdo, pueda aceptar que hay muchos puntos de vista válidos, así como yo acepto, aunque no me encanten.

Me gustaría no lamentar otro Isidro, no armar una vida en función de horarios convenientes para moverse en la calle, no pensar estratégicamente antes de abrir la boca para decir lo que siento.

Me gustaría no tener miedo. Me gustaría aplaudir más seguido. Ojalá así sea.

Madre hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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