Enviados especiales, por Madre Hotelera

Domingo gris, extremadamente casero, helado y húmedo. 24hs de pijama + saco de lana out of service + rodete, mechando cocina con tandas sucesivas de lavarropas, pilas de cosas para acomodar y manualidades patrias a la hora de la chocolatada infantil. Y en medio de ese escenario… una lucecita roja en el celular que me obliga a hacer un parate, para llevarme de viaje gratis, por 5’, sin ningún tipo de dificultad cambiaria….

-¿Ves esta pintura? La hizo Van Gogh desde su casa, viendo ese edificio. Vivía enfrente, en la habitación de la esquina de ese primer piso.

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Y aquí otras del jardín de su colega Monet, que no vivía muy lejos (en Giverny)…

Este es un restaurant cerquita de casa que todavía sigue funcionando (y al que ayer fui a cenar con amigos), Renoir reprodujo la reunión en el balcón. Las fotos no son sensacionales porque las saqué con el teléfono….

Tomé sus disculpas por cortesía, y agradecí eternamente por esos minutos de fascinación y paseo, siendo la espectadora virtual peor vestida para la ocasión.

¿Quién me envió estos mensajes? Un señor muy particular, con quien nunca hablé personalmente, del que no recuerdo la voz. El mismo que sin conocerme, hace exactos diez años ejerció de Cupido junto a una amiga mía muy especial -su prima-, a la que le debo un marido, una cabeza nueva, y varias cosas más.

Diez temporadas atrás ella escuchaba pacientemente mi queja sobre el sexo opuesto, fundamentada en una desilusión insólita tras otra. Asentía y reafirmaba mi testimonio con sus relatos, contándome que en un cumpleaños reciente charlaba con su familia sobre la cantidad de gente sin pareja que había en el mercado. Ella expuso el caso de sus “amigas divinas”, y él por su parte sacó a relucir a sus  “amigos buenos y laburadores2 -cada cual con sus prioridades de género a resaltar-.

Y en plena charla, mientras las dos mirábamos al suelo desencantadas, pegó EL grito:

-¡Escuchame una cosa! ¿¡Por qué no te lo presento?!

-¿A quién?

-¡Al compañero de mi primo!

-¿Estás loca? ¡Si ni lo conocés!

-Qué importa, mi primo es bueno, si él lo dice… el candidato también debe ser bueno. Probemos, yo le paso tu mail, pensalo…

Pasaron varios días de esa charla. De mi parte mucha negativa, principalmente por sentir que a los 26 años sólo me quedaba un encuentro de Solos y Solas, o un curso de plomería para conocer a alguien. A pesar de eso, accedí a la posibilidad de que el amor viniera por mail, aunque lo considerara en el 3er puesto del ranking degradante.

Una vez tomada la decisión (básicamente regalada o ya sin esperanzas), el tema era cómo llevar a cabo la conexión, si entre los Cupidos además, no conocían a sus representados contrarios, era sólo un tema de confianza entre primos.

Hasta que la practicidad masculina llegó, y este señor que envía obras de arte por Whatsapp, nos escribió un mail particular a la futura pareja: “…Hagamos de cuenta que vamos a tomar un café, Andrés Luciana, Luciana Andrés, chuic chuic, están presentados. Me acabo de acordar que tengo el cumpleaños de mi bisabuela. A partir de acá los dejo para que sigan ustedes solitos…” Un crack. ¡Pero qué incómodo fue arrancar! La papa caliente en mano duró sólo unos días. Nos fuimos aflojando de a poco, y al tiempo los mails eran eternos como un padrón electoral, dirigidos a un misterioso NN -aunque bueno y laburador-.

Diez años atrás sin Facebook, sin celulares amigables, y con dial up, el cortejo y el encanto eran otra cosa. Yo sólo sabía que era alto, inglés y a qué se dedicaba. A él le dieron referencias exageradamente femeninas, ciertas o no, parece que igual fueron suficientes.

Al mes de mails diarios, el encuentro era inminente, aunque el frío para esperar en una esquina apremiaba. Nuevamente la simpleza masculina se hizo presente: “¿Por qué no reservamos una mesa en un restaurant que conozcamos los dos y nos presenta el mozo?” Acepté, reservé, me gustó la idea. ¿Dónde? En un bar divino que está en un primer piso, pero no tiene marquesina para identificarlo. Le pasé la dirección. 28 de mayo a las 19hs. Confirmado. Que sea lo que Dios quiera. Nos vemos ahí. …It’s showtime…

19:01’: Yo, puntualísima. “Que tal, tengo mesa reservada a mi nombre… Sí, te acompaño, es la que está al lado de la batería.” En el camino recordaba la sugerencia “buscá un lugar tranquilo, así podemos hablar sin gritar”…

19:15’: Mi mesa seguía vacía… celular zapatilla con tapita: mudo.

19:20’: Látigo en mano gritando para adentro… ¡Cómo puedo ser tan tarada! ¡Qué hago acá! ¡Ni lo conozco!… mmm mirá que rico plato ese, ¡na mentira! ¡No me distraigan! ¡Me voy! ¡De acá me voy yaaaaa… no le escribo nunca más!

19:30’: -Qué aguante si si-…Entra ‘algo’ caminando. Sí, algo enorme, indefinido, con tapado de piel, gafas negras, camisa abierta estilo Sandro.

19:30’17’’: Me arrojé detrás del sillón a revolver la cartera. Si era él, correría al grito de ¡Fueeego Fueeego! Que evacuaran el bar, pero yo ya no aceptaba otro capítulo insólito.

19:30’45’’: Respiro. Acepto. Vuelvo a sentarme como si nada pasara, destrozando las cervicales tratando de meterme en la batería si era posible.

19:31’: Pequeño salto de mi cuerpo en el sillón. Se sienta alguien muy alto a mi lado. Ahora sí… el alguien bueno y laburador al fin “Lu, ¿sos vos?” Seeeeeeeeeeeee!!! Sarabaraabáaaaa sa saaa sa saaaa… Soldán saltando al lado de la batería, 8 mesas aplaudiendo. Todos contentos celebrando la llegada de la cita a ciegas que había caminado rato largo por las coordenadas, esperando encontrar un cartel al menos.

Lo que vino después fueron cinco horas de charla mágica, con mi marido de toda la vida. Nos conocimos invertido. Nos escribimos muchas palabras, sabíamos mucho del otro, menos los gestos, menos la voz, menos lo físico. Superados los nervios -que se evitaban enviando una foto previa para reconocernos o un llamadito por teléfono, claro está- promuevo la situación como una experiencia altamente recomendable.

Anécdota aparte, la historia cuenta que nuestro romance prosperó felizmente. Cupido varón se fue a vivir lejos, razón por la cual no pudo estar presente para ver el modelo terminado el día del “Sí, quiero”. Continúa pendiente el café ficticio de ese mail de presentación, aunque como a él sí lo ayudó la tecnología, podemos seguir el contacto compartiendo fotos de cuadros, y de otras obras maestras que criamos a diario.

La adorable celestina en cambio fue la que más bailó en la fiesta, se llevó el anillo y todos quisieron sacarse fotos con ella a modo de gratitud. Simplemente sin su grito esa fiesta no hubiese existido.

El que escribe los libretos nos asigna funciones exquisitas a veces. Yo cuento con esas dos luces que me llevaron a tener esta familia, soy a su vez el Pepe Grillo de una amiga que vive lejos y me siente así, sabemos ambas de estas presencias tácitas. Otras me llaman “Querido diario”, y así, cada uno explotando sin mucha conciencia estos dones concedidos, que generan amores, reafirman amistades, despiertan sentidos y llevan algo más que un poco de arte a una tarde gris en pijama.

Mi brindis de hoy con capuchino calentito en mano, por todos aquellos personajes tan lejanos como cercanos, para que nunca desaparezca esa magia.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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