Logística deluxe, por Madre Hotelera

Logística deluxe, por Madre HoteleraOtra madrugada más en esta extraña fila diaria, esperando que el micro llegue a la Terminal. Qué nombre, ¿no? Bastante pesimista el que la llamó así. Le podría haber puesto “Empezal” -¿sonaría muy oriental?- en definitiva este lugar significa comienzo y fin, de viajes, anécdotas, inspiraciones y varias cosas más. De hecho en este momento dos amigos se están despidiendo, mientras una pareja de abuelos ansiosos llega trotando para abrazar a quien asumo es su nieto. Asumimos todos bajo este techo, donde pocos hablan aunque miren mucho. Hasta las palomas paradas sobre las vigas se han contagiado. Ellas nos observan, mientras nos observamos entre todos, entre el anhelo por volver a la cama calentita que acabamos de abandonar y la lucha por alinearnos con nuestra versión despierta. La Terminal no escapa a mi teoría de que todo espacio con techo tiene su cultura propia. Aromas, jerga, gritos y silencios. Nunca es igual, aunque exista una rutina.

Lo cierto es que cada 15′ se auto convoca un contingente de semi-conocidos dormidos, todos rebautizados, cada cual con su alias. Está el alto de campera verde, la señora de cartera cuadrada que mira pero no saluda (hace un año que no responde), el de negro que fuma 2 cigarrillos antes de subirse, y unas veintitantas denominaciones más. Podría retratarlos a todos, sus caras las conozco de memoria, aunque de su vida, poco y nada sé, ni siquiera la profesión que los hace levantarse tan temprano. Todos mudos, sólo levantadas de cabeza ante un  “mmdía”.

En esta fila sólo se habla del tema que nos convoca: el viaje. Un grupo de notables cuenta con un grado doctoral sobre el tema, su dedo índice acompaña con una categoría asombrosa cada explicación sobre temas tan desestabilizadores como un cambio de frecuencia. Mientras tanto, yo no pierdo la esperanza de que algún día se destapen al fin, saquen de su bolsillo el puntero láser y desplieguen todo el material que mueren por compartir, como conflictos entre choferes y demás perlitas gremiales.

Hay de todo, como en cualquier grupo, y reacciones diversas ante ciertas bajas o nuevas incorporaciones. La monja de la bolsa de nylon no necesariamente esté internada por no verla más, quizás la hayan cambiado de congregación simplemente, pero la noche lo hace ver todo negro, y en la fila siempre se piensa mal. ¿Lo habrán echado al canoso? ¿Estará grave? Nunca una buena…

Los personajes nuevos son siempre observados más de lo normal, simplemente porque por empezar, no respetan los códigos matutinos… y se sientan donde quieren, se animan a hablar en voz alta… ¡Desubicación absoluta! Claro, no tienen por qué saber que la cuarta fila ya tiene asientos asignados, que en 60km dentro de la gran mecedora todos roncan en la oscuridad, y nadie habla, hasta los estornudos molestan.

Una mañana un novato bastante particular, comenzó a hablarle al respaldo de adelante. Todos pensamos que hablaba por celular. Error. Él y su voz interior (que no podía mantenerse adentro) comenzaron a evangelizar a la butaca, obviamente sin respuesta. “Gente que no quiere hablar, gente que no sabe que yo digo la Biblia en portugués, que no habla, que no sabe que yo soy famoso. Gente que no quiere hablar, no habla con perros, tampoco con personas, gente que no quiere”…unas 234 veces más.  Luego de 50km chistándolo, decidió abandonar la butaca evangelizada, levantarse envalentonado y continuar conmigo…. “Claaaro!! ¡Gente como vos! ¡Que no quiere hablar!…URUGUAYA INCORREGIBLEEE”…Fue una escena memorable, hasta con aplauso general para arrancar el día.

Hace un año aproximadamente, una madrugada bajo cero de Julio, llegó otro joven novato en remera de manga corta. Azorados todos, le hicimos lugar en la gran mecedora para que entrara en calor con la calefacción. Al rato de subir a la autopista, se acercó al chofer. Las cabezas se asomaron al pasillo esperando el momento del anuncio (asalto o secuestro, obviamente). Para sorpresa de todos, sólo pidió que se detuviera porque no se sentía bien y necesitaba un baño. El novato se bajó… caminó y caminó. Campo y noche cerrada. Se perdió entre los yuyos… siguió hacia las vacas. 5’… 10’…. Cuarenta caras pegadas a la ventanilla intentando ver al joven de remera, que…. ¡nunca volvió! Y tal como la monja de la bolsa de nylon, todos pensamos lo peor, jamás barajar que él sólo quería ver el amanecer en el río.

Personajes especiales como estos han aparecido cientos en todos estos años. Los matutinos son los más enigmáticos, mientras que los del turno tarde son los que justifican que todavía siga eligiendo este medio de transporte.

Un vecino de Senegal que viaja con su maletín repleto de bijouterie, suele repasar su inventario por celular. No sabemos si la señal es ineficiente o su tono natural simplemente es así: altísimo. “ME BAHO EN BLAAZA IDDDALIA”, cuenta a su amigo, y es lo único que entendemos en el resto del griterío. Lo va mechando con una sonrisa encantadora siempre, con lo cual todos nos solidarizamos para ayudarlo con el equipaje al bajar.

Los choferes se llevan un capítulo aparte. No los identificamos por físico ni atuendo (todos llevan uniforme), sino por su humor o forma de hablar.

Ellos son los que nos condenan o ayudan, premiando nuestra corrida casi olímpica para no perder el viaje. Algunos nos dejan bajo el diluvio si tienen un mal día, y otros hacen lo imposible para hacernos sentir cómodos.

Tuve la mala suerte de viajar durante meses con uno que evidentemente, no aprobaba mi embarazo. Vio crecer mi panza a diario, visible con remeras o tapados. A pesar de eso, la prioridad por mi condición, nunca se cumplió. Los adictos al clonazepan de la primera fila, jamás se despertaron para ceder el asiento.

Hasta que una tarde cansada de la travesía, logré subir al micro repleto con mis ocho meses de embarazo. Y el milagro llegó: “Pero señora… ¿!Usted está embarazada?!”….(ademanes forzados de alumno en acto de la primaria). “Noooo, pero por favor no se confunda…. Esto es transito lento”.  Los del somnífero se rieron dormidos y no tuvieron más remedio que levantarse. Luego de varios meses logré ejercer mi derecho al asiento, aunque el beneficio duró poco, Cori nació a los veinte días de mi declaración.

Personajes de todos los colores, edades y procedencia. Los vendedores ambulantes captan mi atención con su tono forzado e increíble. Desconcentran, despiertan. Mi amiga Julieta quiere tirar su novela por la ventana del tren, cada vez que el hombre le grita en la cara “caramelos de mentiiiiiiaaaa”.

Todos tenemos nuestras historias en medios de transporte. He llegado a viajar 5 horas entre ida y vuelta, tiempo en que podría haber llegado a Mar del Plata, dándome hasta el lujo de parar en Atalaya.

Para la hora que estén leyendo este blog, yo estaré corriendo el micro que me lleve a casa, con la incertidumbre de no saber si me esperan dos horas en la parada esperando a que llegue, y con la certeza de reírme sola imaginando cuanto mediría la tableta de chocolate rebautizado Janvler, con la cantidad de erres que mi amigo vendedor utiliza para captar nuevos clientes. Tentándome en los momentos de desesperación, cuando miro con cariño camiones transportando ganado, garrafas o inodoros, con tal de acercarme hasta La Plata.

Es el folklore del transporte diario, realidad difícil de esquivar si las hay. Sólo queda maximizar la paciencia y la imaginación, para que el efecto no sea “Terminal”, sino un tanto más oriental, como me gusta verlo a mi.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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