Super PAwer, por Madre Hotelera

Super PAwerInnumerables son las diferencias que existen entre hombres y mujeres, desde carácter, capacidades y formas, hasta la obvia anatomía y sus prestaciones, entre ellas, la maravillosa posibilidad de dar vida. Varios tiempos muertos los he dedicado a imaginar cambios de roles, y llego siempre al mismo interrogante: cómo sería el hombre embarazado. Cambiaríamos por “madros” y “padras”… quién lo sabe. Lo que sí puedo afirmar es que todo sería muy distinto. Maximizado seguramente. Nauseas, dolores, disponibilidad para el disfrute más allá de eso tan tremeeeendo que están viviendo. Hasta los antojos sufrirían cambios radicales, nosotras nos despertamos a la madrugada pensando en medialunas, ¿y ellos?… quizás tengan deseo de una buena bordeadora, unas llantas nuevas o los mejores parlantes para el auto. Habría bebés con un tornillo Phillips coloradito en la nuca en reemplazo de las populares frutillas quizás, y un sin fin de hipótesis más que jamás podré comprobar.

Dios sabe como ha hecho el reparto, no lo voy a cuestionar, aunque ante su decisión los señores hayan salido afectados y nosotras tratando de hacer algo para verlos contentos a pesar de las diferencias. Apuesto que darían lo que fuera por meterse un día entero adentro del cuerpo de las mamás, entender en carne propia la montaña rusa, y experimentar ese repiqueteo muy interno cuando el bebé empieza su baile. He escuchado a más de uno sentirse ajeno a ese vínculo, pensar que son menos importantes por no ser quien carga la panza.

La tecnología y una reconocida marca de pañales los ha escuchado, uniéndose para crear una faja con la que los futuros papás sienten en simultáneo lo que pasa con sus bebés. Googleen la campaña que vale la pena ver el resultado: señores que se emocionan hasta las lágrimas, por esa sensación tan inexplicable como mágica, de sentirse un acogedor canguro activo.

Soy una convencida de que el cambio de roles, además de físicamente imposible, tampoco sería favorable. Su naturaleza los hace ser el complemento perfecto, a nosotras no nos saldría tan bien como a ellos. Mientras las mujeres nos preparamos para ser madres con el cuerpo entero a disposición de la causa, ellos se arman de estrategias para hacernos felices.

Y una vez que ese nuevo integrante ya está afuera, no sé bien en qué parte del trayecto entre la sala de partos y la habitación pasa, pero se juran amor eterno antes que nosotras estemos conscientes de toda esa novedad.

Son ellos quienes los pasean durante horas a las 3 a.m. con tal de aliviarles los cólicos, quienes arropan al nuevo dúo dinámico cuando el cansancio nos venció y el flamante integrante duerme encima nuestro, en esas noches que ni sabemos por dónde anda el camisón.

Los papás de ahora no son los de 50 años atrás. Esta versión 3.0 viene con un mix perfecto, sin prejuicios para cambiar pañales, darles de comer, bañarlos y varias habilidades más, supuestamente inherentes a las mamás. Padres y abuelos ahora se animan a preparar mamaderas, y pasar tardes enteras dejándose aflojar por esas pequeñas esponjas saltarinas que han pateado en algún momento adentro nuestro.

Personalmente me encanta que así sea, que esa imagen de hombre fuerte, generador de reglas intocables, que imponía silencio al pasar, haya quedado en el olvido. “Ya vas a ver cuando llegue tu padre”…tiembla Iron Man… yo me quedo con la versión del que moquea viendo a su pequeña mazamorrera mal pintada con corcho quemado en el acto del colegio, o el que se sube al skate y se cae junto a su hijo sin ninguna vergüenza.

Asumo que esta nueva cualidad es pura herencia. Nuestros padres han querido aflojar la versión de los suyos, y así sucesivamente.

A mi me tocó una versión encantadora, que ha tenido una paciencia digna de aplausos, que me ha dejado jugar a la peluquería mientras él cenaba, luego de estar mil horas afuera trabajando. Seguramente lo último que deseaba era que le tocaran el pelo, sin embargo con sus ojos tiernos y mis cuatro años a upa me decía: “Peiname tranquila”, con tal de ver mi sonrisa y escuchar mis carcajadas mientras intentaba hacerle dos colitas.

Me ha transmitido valores de todos los colores, sin tener que citarlos para entenderlos. Se ve que sabe que los ejemplos son todo, y que yo también he sido una esponja de ojos grandes que observó mucho y tomó lo mejor de su esfuerzo.

A los hijos nos caen cientos de despertares antiguos, cuanto nos convertimos en padres. Ahí nos damos cuenta que su vida ha estado dedicada a que seamos mejores personas, y que eso se replique en nuestro entorno y en nuestra futura familia. Es como una inversión permanente, sin detenerse a pensar en los costos asociados.

Y esa palabra que ya era grande -responsabilidad-, ahora se hace inmensa y eterna. Vamos poniendo en líneas de tiempo reales sus relatos sobre nuestros cimientos, sus horas sin dormir cuando estábamos enfermos, sus mil trabajos para llegar a tener la casa propia,  para darnos una buena educación, apoyarnos siempre para lograr lo que todos los padres buscan, darle vida a su versión mejorada.

Los regalos y tarjetas del domingo, demostraron apenas un poco de todo eso que siempre queremos decirle al macho de la familia. Porque no sólo es bueno el padre de Piero, hay miles más repartidos por ahí, de estos que nos completan, nos alinean cuando perdemos el norte. Son quienes tienen esa sabiduría para hacer cortes transversales en los conflictos, y entrar desde otro lado, muchas veces más simple que el femenino, con la palabra justa y el gesto esperado.

Han sido nuestro primer idilio de pequeñas, y para los varones el ídolo máximo, un crack jugando al fútbol, un inigualable cambiador de bombitas, el que maneja mejor que Schumacher, el que siempre supo, sabe y sabrá de todo.

Por todo esto y mucho más, sigan siendo como son, ¡los amamos así! ¡Nosotras no alentaríamos trepar a los árboles, jugar con bichos o embarrarse hasta el cuello con tal de hacer un gol más!… El mundo los necesita -y nosotras más-.

Deseo que los hayan mimado fuerte en su día, tan fuerte como sus besos con barba y esos abrazos masculinos envolventes que nunca pueden controlar, y que ningún hijo espera que lo logren. Feliz día señores. No cambien nunca.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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