Redonda Lovers, por Madre Hotelera

PELOTA-FUTBOLSe terminó el campeonato, y con él, la llegada de un vacío difícil de tapar con otro contenido que no sea… el siguiente campeonato, corrrecto. Me gusta el fútbol y todo lo que viene atrás –balas de goma y violentos al margen, claro está-. Un domingo sin partido, desnaturaliza la definición de domingo, en el único país orgulloso de tener un patrimonio intelectual de 20 millones de directores técnicos.

Yo no soy DT, pero sí opino. Yo sí soy mujer, pero no me gusta escuchar señoritas comentando el partido y menos transmitiendo. Cada loco con su tema, para mi el fútbol es esencialmente masculino. Presiento que históricamente por convertirse en algo tan popular, nos han dado un lugar en el estadio para poder gritarlo, vivirlo como cualquier otro – pero hasta ahí-, y en cierta forma, acepto tácitamente ese machismo.

Una mujer puede estar tanto o más enfurecida que un hombre ante una falta, pero eso de gritar más que el varón, o combinar malas palabras en forma más ingeniosa aún, no es muy bienvenido por los machos de la tribuna. Excluiré al desubicado ¡Penal, penal! cuando la falta fue en mitad de cancha, y varias exclamaciones más, como los gritos de empatía por un dolor claramente simulado. Creo que en esos momentos los varones quisieran repasar la historia y prescindir de aquella inclusión social.

Por mi parte no tengo un claro recuerdo de mi inserción. Ningún familiar desplegó un rotafolio a lo Bilardo para explicarme las reglas del juego en mi niñez, las fui asimilando de a poco en una época en la que había que ser más gráfico e imaginarse los pases según el fervor del relato. Esto de los jugadores abducidos por extraterrestres en la repetición del gol, hubiese sido digno de Spielberg en aquel entonces.

Mi infancia fue más de fútbol radial, entre medio de anuncios de alfajores, pilas y neumáticos que ya no están más en el mercado, como aquel novedoso calzado deportivo denominado “Los Ángeles Trainer” con sus llaves de avanzada relatadas por José María Muñoz.

Cierro los ojos y veo a mi abuelo en su sillón al final del zaguán, apretando fuerte la medallita con la mano izquierda cuando el arco de Racing se veía amenazado, sosteniendo con la derecha una radio de cuero que pesaba como un remordimiento. Recuerdo que me sentaba a upa sobre su pantalón impecable de traje dominical, a escuchar (y ver) como sufría. “¡Orrrrsai! ¡Dijo orrrsai!”… y yo qué le iba a objetar si estuve años para entenderlo, más en su tele blanco y negro, con borrosos hombres atléticos que corrían de un lado al otro, y una pelota que se cuadriplicaba hacia los costados según la posición de la antena.

Buena escuela para mi criterio. No tan cómoda como la de mis hijos, que ven en HD hasta los arreglos que tiene el arquero en el segundo molar. Gozarán de otros parámetros, sabrán si ese off side fue por 10cm o 12cm. Una paquetería.

Para el que le gusta este deporte, cada partido tiene su ceremonia. Las cábalas nos ponen un tanto irreconocibles a veces, hasta cambiamos la forma de caminar cuando estamos llegando a la cancha. Deberían filmarnos también a nosotros, y hacernos un electro en vivo y en directo en los encuentros cruciales. Pupilas dilatadas, cuerpo desencajado, y angustia oral producto de mucha ansiedad y poca oferta gastronómica. Promesas declaradas bajo presión que quedarán en el olvido superados los 90’.  Odios rotundos que se nos pasarán con un cambio de resultado que revierta todo lo que criticamos a “ese que se la pasa todo el día con la pelotita”, -verdad que no negaremos-, aunque convengamos que la llegada de la Play comprometió aún más al jugador, elevando el umbral de eficiencia esperada, y si la jugada no fue de pizarrón, es que algo anda muy muy mal.

Y ahí sí el toque femenino viene bien. Comprendemos que cualquiera puede tener un mal día.  ¿Se imaginan 30 mil pasionales gritando atrás de su monitor en la oficina? “¡Noooo nenaaaa, insertá una columna ahí! ¡No te conviene una tabla dinámica! ¡Animal, saliiiiiii te dijeeeee!… Bieeen (aplauso y vuelta a sentarse) bien ahí con el área de impresión…”. Sencillamente insoportable.

Es así, todos cocinamos para comer y subsistir, pero chefs reconocidos, son unos pocos. Todos patean en el potrero desde chiquitos, pero sólo un 0.002% llega a jugar en primera. “Si era yo, le pegaba tres dedos y la clavaba en el ángulo”… Mmsii…seguramente (y el shampoo anticaspa mentolado no te esponsorea sólo por su low budget, sino estabas en la Lugones photoshopeado y feliz). Si fuera tan fácil… ¿Qué varón no ha soñado con llegar ahí?  ¡Con jugar un día nomás! Saber lo que es salir realmente a la cancha teniendo miles de ojos en vivo calificando cada decisión.

En mi familia el fútbol se mira, se vive y se grita, sea a Boca o a Estudiantes, salvo mi mamá, que heredó el amor por Racing, aunque básicamente es de la AFA y mira hasta un “partido chivo” de Almirante Brown, a la hora de la novela. A pesar de sus gustos, siempre la verán impecable como para ir al teatro a la cuenta de tres.
Sólo ella, después de salir a pasear con su nieto por las calles platenses, volvió a casa con la siguiente frase celebre: “Este barrio es completo, no te podés quejar. En la casa de trofeos de acá a la vuelta vendían una Copa Libertadores tamaño real ¡Un lujo! ¡Por poco me la compro!” 

Es así, cada loco con su tema. Mujeres, varones, ídolos frustrados, cada cual lo vive como puede y siente. Mientras tanto habrá que entretenerse con las ligas europeas, o hacerle frente al vacío hasta Agosto, cuando arranque nuevamente esta mezcla de deleite, emoción y sufrimiento, tan linda e inexplicable, como cualquier otra pasión.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

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