Los extremos de la vida, por Madre Hotelera

Romi & Pablo (940)Hace unos días, una foto en la web me cautivó. Aire libre, atardecer, hombre y mujer de mi edad, sorprendiendo con un beso a una abuela preciosa, con una luz inusual en sus ojos, como si los besos la cargaran de ese brillo único. La miré unos minutos, seguí con otras cosas, volví a ella y decidí escribirle a la supuesta nieta que ni siquiera conozco personalmente, pero bien valía la pena dejar la vergüenza de lado para resaltar lo que transmitía. Cabe aclarar que no hago este tipo de manifestaciones a diario, pero esa foto se merecía la excepción.

He pasado la vida entera sonriéndole a las abuelas que tejían en los bancos de la plaza y a los que jugaban a las bochas cuando paraban para agradecer el gesto… y lo sigo haciendo. A veces pienso que quizás los confunda mi expresión y pasen el día entero tratando de recordar de donde me conocen. De ningún lado, igual asumo que el gesto reconforta y tapa al desconcierto, con lo cual, no dejaré de hacerlo. Es mi forma de hacerles saber que me conmueven de pies a cabeza. Desearía que la calle vuelva a ser lo que era antes para que ellos puedan sacar su banquito a la vereda y así escucharlos con su voz gastada, usando esas palabras que ya no son moneda corriente. Mirar sus manos y pensar todo lo que han hecho. Captar sus pupilas detrás de unos anteojos enormes y tratar de imaginar todo lo que han visto. Básicamente, podría tener un fans club de la tercera edad.

Mi piropo on line tuvo esta linda respuesta con la cual coincidí plenamente: “¡Son pura vida! los dos extremos, abuelos, bebés/niños, tengo debilidad por ellos, no dejan de sorprenderme”.

Como muestra de su frase y sin saberlo, esa misma tarde una amiga me envió la foto de su hijo recién nacido en brazos, después de largos años de búsqueda. Sueño cumplido, y nuevamente el denominador común, unos ojos brillando como dos uvitas, entregándose por completo al amor de su flamante mamá.

Recordé y reafirmé esa respuesta matutina. Los extremos son pura vida, absoluta verdad.  Extremos que se unen en muchos aspectos, y en otros dispares vuelven a encontrarse sin querer. Unos completando a diario su rompecabezas, otros con todo para armar y descubrir. Un inicio con mil páginas en blanco, y del otro lado, un libro abierto con infinitos capítulos llenos de historias que se fueron archivando para volver a florearse en la vejez, aquella especialista en desempolvar los mejores recuerdos.

Miraba a Félix recién llegado al mundo, y pensaba en esos pliegues que irá completando poco a poco, en su pelusa de la espalda, en su gesto lleno de todo y de nada a la vez, nutriéndose de caricias que significan casi tanto como su alimento, las mismas que le irán llenando la risa, su luz propia, su nombre entero.
Y miraba a esa abuela con sus arrugas diferentes, como un contenido sellado al vacío, dejando lo terso de lado para que sólo se muestre lo esencial, su valioso contenido neto. Dos realidades totalmente distintas, y el mismo respeto.

Con mis hijos tuve la gracia de vivir la increíble evolución de las personas. Y con cada avance, en el lenguaje o en las habilidades, mi propia foto sumándose a su momento, con aromas y voces reales, como si el tiempo no hubiese pasado.
Desde su punto al mío, todo conocido, un revival a diario. Desde el mío al de la cálida abuela, todo por conocer. Y en el medio de esta “segunda edad”, una corrida diaria que a veces nos distrae bastante de los momentos que en un tiempo serán dignos de recordar, asumiendo en la distracción que somos sencillamente inmortales, o que por seguro tendremos la dicha de llegar a la misma foto, rodeados de afectos y con unos ojos brillantes a los 80 y tantos.

Nos veo como en medio de un enorme sándwich intenso, rodeados de sabores, y colores que nos hacen perder muchas veces lo importante, descuidando a esas tapas que nos necesitan para mantener su estructura. Soy un relleno que siempre pide respeto por ese pan del que venimos, que espera mimos, tacto, charla y escucha, al igual que hacia el que vamos, cuando finalmente vivamos en carne propia, lo que es ser la real tapa del sándwich.

Seguramente en esta vida agitadita que tenemos todos, en la vorágine del día a día se sientan como yo, a veces un tanto perdidos, pensando hasta en los momentos de calma que hay que seguir apurados haciendo cosas. Si en esa calma tienen la dicha de cruzarse un pancito, no pierdan la oportunidad de abrir los sentidos y dejarse perder en su mundo, del cual no harán otra cosa que aprender, reír o emocionarse, porque los bebés y los ancianos son simplemente asombrosos. Nos generan una dependencia que nos conecta con lo básico, con lo realmente importante. Nos hacen enfrentar con nuestras propias limitaciones, recorrer otros caminos con sus preguntas o sus relatos, cambiar el cristal con el que miramos el resto del mundo. Nos dan la mano para reubicarnos en las cosas simples, en los problemas reales y no en los creados…o creídos.

Tener la chance de completar, criar y guiar, es uno de los mayores privilegios del ser humano, así como tener la posibilidad de dejarnos completar, ser criados y guiados por las vivencias y experiencia de cualquier abuelo, conocido o no, otro premio mayor.

Me emociona ver a quienes alguna vez nos tomaron de la mano para llevarnos a la plaza, volver a ella sostenidos por nosotros. Dejarse arropar quizás con las mismas mantas que nos tejieron algún día. Caminar de la mano con la confianza transferida por los años, depositada en los ojos de los más chicos, y que a pesar de llevar un traje un tanto más arrugado, nunca pierdan la condición de ídolos indiscutibles.

En esto tan increíble que es la vida, mi brindis hoy por sus extremos maravillosos, los que conmueven sin proponérselo sólo con su presencia,  los que enmudecen por su fragilidad, que piden en silencio respeto y gratitud, que muestran lo más puro del ser humano resumido en sus ojos, esos, los que enaltecen las fotos que más me gustan.

Madre Hotelera

PH: Gracias a nuestra lectora Gabi Vigon por prestarnos la inspiradora foto de su Abuela Bibi.

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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3 respuestas a Los extremos de la vida, por Madre Hotelera

  1. Federico dijo:

    Simplemente Hermoso!!!!

  2. analía dijo:

    emocionada hasta las lágrimas, lástima que no haya más gente que sienta este respeto por sus mayores. tengo 52 e inevitablemente me pasan todas estas cosas por la cabeza mirando al futuro. ¡seguramente voy a ser sorprendida por un beso así !, seguramente mis dos hijos enseñarán a sus hijos a darme un beso así!
    por eso transito este camino tranquila. Gracias !!!!

  3. Gabi Vigon dijo:

    Gracias Luciana por tus hermosas palabras! amigos y familiares están disfrutando de tu hermosa nota! y la están super compartiendo en FCB!. Abrazos!

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