“Pequeños gigantes”, por Madre Hotelera

casa-carton-juguete-niños“Ya sé como se hacen las personas. Para mi estamos adentro de la ropa vacía, y ahí vamos creciendo, hasta que crecemos mucho mucho, entonces sale la cabeza por arriba y el resto del cuerpo por las mangas… y por abajo… ¡Y ahí nos ven!”

Les traigo aquí la teoría particular de Juan en una noche de frío, metido en un buzo de su papá con 30 centímetros de manga excedente que no lo incomodaron para que sus brazos volaran y volaran, dándole así mayor énfasis a su pensamiento muy Cortázar,  como sabiamente lo han calificado. Un objeto, un disparador. En este caso una prenda enorme para sus 5 años lo condujo a tal imagen reveladora. Su pequeña cabeza habla fuerte, aunque lo de pequeña lo reservamos sólo para el aspecto. Sé que en ella existe un laboratorio de ideas 7×24, que todavía no se ha chocado con tantas barreras como para empezar a acotarse y remitirse sólo a sueños posibles.

Delicias que nos regala la niñez y una imaginación que nunca duerme, como la de su hermanita, que ya con el dominio de la palabra y unas conjugaciones un tanto alteradas (punió-pusí- pusó), nos ha anunciado con su dulce sonrisa que ella salió de un cuento lleno de mariposas -y a mi no me cabe ninguna duda-.

Tengo chispazos con recuerdos de mi propia cabeza a la edad de ellos, pensando en lo que juré no abandonar cuando creciera. En esa lista que hice alguna tarde de otoño, con mi pollerita escocesa tableada, rodillas negras y lata de galletitas a upa, hubo varias cosas que prometí conservar, además de mi inseparable muñeco Julio, tatuado con fibras de colores hasta las orejas y un espantoso pelo de plástico enredado. Amor puro. Con su ojo ya sin voluntad para parpadear, Julio para mi no tenía estética, era intocable. Jamás pensar en las apariencias a esa altura de la vida, él era incondicional, hasta con un ojo solo.

A mi lista de deseos puros, le seguía el don de nunca dejar de dibujar, con un temor infantil oculto quizás, como si alguien pudiera quitarme tal poder al crecer. Y la tercer “cosa”, me doy cuenta que no podría haberla expresado en aquel momento, no tenía suficiente vocabulario para dejarlo asentado como un pedido concreto al futuro.

Ahora construyo esa foto y me imagino con una mano en la cabeza mirando al cielo, comprendiendo que yo lo que no quería era dejar de imaginar. Mi deseo era que nadie pusiera biombos alrededor porque yo necesitaba observar todo, descubrir, desmenuzar y expresarme, continuar los cuentos después del Colorín Colorado, armarle el lado B a las cosas. ¿Muy Cortázar quizás? Muy de niña simplemente.

Esa visión lateral y aumentada, creo que es el mejor patrimonio de la infancia. Es la misma que lleva a que cualquier juguete costoso y sofisticado pierda la batalla ante una enorme caja de cartón, por su sencilla versatilidad que permite convertirla en nave espacial o en una casa hecha y derecha. Estos pequeños autores de las mil historias diarias, viven en un mundo especial repartido entre fantasías, reafirmaciones amorosas, comprobaciones de prueba y error, y un juego continuo que nunca parece alcanzar. Ellos quieren nutrirse de cuentos, de historias con principio y un fin claro, y si ese final no es tan feliz como para comer perdices, se las ingeniarán para inventar otro que los haga dormir tranquilos.

Este próximo domingo todos los espacios estarán armados especialmente para agasajarlos a ellos, sea con actividades o con alguno de los veinte juguetes que han pedido en estos días previos. Cuando toque el turno de elegir el regalo perfecto, sea el tamaño que tenga nuestro bolsillo, nunca olvidemos volver a las fuentes, y recordar nuestros propios momentos mágicos de la niñez. Quizás hacer algo que nunca hicimos con ellos sea su mejor regalo, o expresarles todo lo lindo que nos provocan y varios apuros a veces nos sacan de la boca.

Repartir ese agasajo en 365 pequeñas cuotas, y decirles que siempre existirá una oreja disponible para escuchar sus inquietudes, que siempre tendrán un refugio que aleje al inexistente Cuco, que seque lágrimas, que felicite sus avances y que apoye sus proyectos. Ese sería mi presente complementario para ellos, mi otra parte de la teoría de cómo se hacen las personas…personitas…personajes.

Y como una buena niña adulta en la que me he convertido, acá va mi regalito para ustedes, princesas, bailarinas, piratas, bomberos, súper héroes…les compartiré mi tercer deseo, el mejor de todos, para que nunca dejen de soñar e imaginar.

Feliz día del niño

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

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Una respuesta a “Pequeños gigantes”, por Madre Hotelera

  1. Gabriela dijo:

    Hermosa y sensible nota…como siempre. Grosa Madre Hotelera!

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