“MAMA”, por Madre Hotelera

mamáPara comenzar el encuentro de hoy, me veo en la obligación de abrirme y compartirles una práctica algo particular que ejerzo desde pequeña: me gusta armar cabezas. No se asusten, no tengo un laboratorio, sólo son imaginarias, y si se trata de las concretas que conozco bien, hasta me animo a diseñarlas e iluminar sus distintos rincones.

Mi versión personal de la cabeza de una mujer, la pinto como un universo infinito de colores y aromas. De amores y espejos inesperados, que ante los cientos de vaivenes diarios, a veces se manifiesta con la opción correcta, y otras tantas lo hace aferrándose a las costuras desprolijas, las del revés de una trama ultra resistente e impecable.

Poco predecible dicen por ahí, yo prefiero calificarla como sorprendente. Nunca se sabe qué puede devolvernos un techo femenino pleno o conflictuado. Frente al paredón, todos los dedos acusadores apuntan directamente al matrimonio Hormonas-Neurosis, ese que se dedica a hacer dulce artesanal con nosotras. El mismo que nos lleva a sonrojarnos por un piropo, y al día siguiente interpretarlo como una completa ofensa.

Ni locas ni bipolares. Absolutamente versátiles diría, mirando siempre a través de un cristal diferente.

Como portadora activa, por supuesto que el matrimonio también me afecta, así es como días atrás con la llamada de un amigo entrañable radicado en el exterior, todo el complejo circuito entró en acción. Luego de hablar y reírnos largo rato, llegó el disparador:

 “Te veo bien, estás linda, pero estás cambiada, no sé…. Estás muy mamá”

Silencio. Sonreí (lo supo, me conoce). Abrí mucho los ojos (se está enterando ahora). El inconsciente automáticamente me levantó de la silla para llevarme frente al espejo más cercano y así seguir charlando, mientras justificaba su apreciación.

Estirando mis rulos con una mano le explicaba lo que el embarazo había hecho con mi pelo, mientras con la otra probaba levantarme los párpados a los que les han robado mil horas de sueño reparador. Me acercaba al espejo, evaluando unas marcadas líneas de expresión que sonreía para esconderlas, mientras en puntas de pie giraba para ver como los 37 años habían logrado envolverme sin mucho permiso.

Horas de cabeza random le siguieron. ¿ Será que me vio vieja, o me vio muy bien para tener dos niños? ¿Estaré destruida o mejor de lo que esperaba? ¿Me faltan los ruleros o estoy rozando el “te conservás bien”?

Interpretación complicada para una mujer y más que simple para un hombre, al que si le preguntara de nuevo en este instante, respondería exactamente igual, sin rodeos: muy mamá.

Y sí, no debería haber dado tantas vueltas. Sacando las ojeras de lado, y el resto de las marcas visibles en el cuerpo, hay un conjunto de expresiones y señales que se instalan cuando los hijos llegan. Es físico, es emocional, es una sabia reestructuración.

Se nota en el modelo terminado. Los ojos me han cambiado, se me humedecen más seguido de emoción y creo que la mirada se fue transformando de a poco, desde la primera sonrisa luego de una mamadera, el primer “te quiero hazta las nubez”, hasta el resto de una lista de logros y descubrimientos que le siguen casi a diario.

Mi forma de vestir tuvo que mutar a una moda con la que pudiera agacharme mil veces a secar lágrimas, juntar juguetes, limpiar narices, y hacer upa a unos botines embarrados. No me entregué al jogging a pesar de vivir con los pantalones impregnados por algún pegote de caramelos cerca de las rodillas, y los hombros de mis remeras con algún souvenir emotivo.

¿Carteras chicas? Clutches de moda para la foto… imposible. Mis bolsos son una caja de Pandora, casi un objeto animado. Toallitas descartables, autitos, tijera, algún cuento corto por cualquier eventualidad, y todo lo que sea para abastecer necesidades inesperadas. Debería tener una cámara en vivo para registrar la sonrisa cuando saco lo que justo estaban esperando, y de paso inmortalizar frases como: “Dame más milanesas de tu cartera”.

Descubrí en estos años que el cutis me cambió, aparecieron líneas nuevas después de noches en vela por alguna fiebre, el estreno de alguna pesadilla o simplemente, una necesidad imperiosa de mimos nocturnos.

Y si hubiese una escaneo más profundo, verían que mi oído tiene una nueva aplicación: puedo distinguir el llanto de mis hijos en un pelotero con 65 chicos de la misma edad. Parece que el gesto se aprendiera en la sala de partos, ya que la pausa siempre es igual, mano alerta, mirada al aire, silencio, y a correr… ¡¿Qué pasó?! ¡Ahí voy! ¡Tranquila que ahí voy!….y al llegar todo cambia, para ellos… y para mi también.

Es el mismo oído que clasifica gritos, que distingue los exagerados de los que verdaderamente necesitan un trote para llegar a consolarlos. El mismo que reconoce mentiritas piadosas, vergüenzas y hasta pone voz a las entrelíneas que ellos todavía no saben expresar.

Llegaron mis hijos a la vida y sólo Dios sabe dónde habrá quedado mi versión anterior. Un día bisagra y todo cambió, la casa, la cabeza, el corazón, la pareja, la gratitud hacia mis padres, la proyección a futuro, las prioridades. Absolutamente todo. Me perdí en la transición, me subí a un escalón imaginario, me transformé en cuerpo y alma.

Por algo nos llaman leonas, fieras, madrazas, da igual el alias cuando se trata de proteger a hijos propios, de sangre, de la vida, de donde hayan venido. Quizás esa versatilidad femenina sea la que de un día para el otro nos hace poner el traje de mamás y nos resetea para comenzar a pensar con un corazón multiplicado, con sustos, pero sin detenernos.

Con cada frase que escribo me doy cuenta que hay tanto encerrado e implícito en esa palabra, que debería ser una sigla para poder ampliarla, o varias …

MAMA:

Mujer Apta para Morir de Amor

Muestra Amplia de Mujer Amorosa

Maestra Adorable Mundialmente Agasajada

Muchacha Alegre de Memoria Asombrosa

Mujer Afectuosa Mágica y Aventurera

Multitudinaria Asamblea de Mujeres Admirables

Mina Amazing de Mimos Angelicales

Difícil quedarse con una sola, ¿no? Podría seguir el día entero, con mi cabeza femenina concluyendo que sea cual sea el intrincado espejo en el que me miré aquel día, mi amigo me regaló sin saberlo el mejor de los piropos que puedan existir. Me dijo Muy Mamá, sin nada más que aclarar.

Será que es tan difícil de definir. Será que es una palabra Muy Amplia…será que es Mucho Amor junto.

Feliz día MAMAs

Madre Hotelera.

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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3 respuestas a “MAMA”, por Madre Hotelera

  1. Jenn dijo:

    Sin palabras, como siempre… Una MAMA con todas las letras -y definiciones- 😉

  2. Juli dijo:

    Que lindooooo!

  3. S La'Lic dijo:

    Me encantó!…Me siento muuuy identificada…

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