Los cuatro fantásticos, por Madre Hotelera

Llegó, ¿no? ¡Sí! Llegó Septiembre, aunque todavía haya mañanas frías, bastante lana visible y café caliente, el primero de los cuatro ‘embres’ que se vienen, ya está entre nosotros.

Lo esperábamos todos… menos los alérgicos que sufren por todo lo que florece. Es el mes en que salen a relucir los cuidados del invierno y sonreímos más, sólo porque el calendario lo marca. La cara fruncida se concentro debajo de la bufanda, y se guardó muecas alegres para sacarlas ahora, por más que el frío persista, en la calle se respira otra cosa. Es un proceso mágico, llega el mes y la gente se alegra, a veces lo festeja con ojotas desubicadas aunque haya 7 grados de sensación térmica, pero es así, hay ansiosos por todas partes.
Las mujeres nos esmeramos para estar más lindas, buscamos colores vivos en nuestro guardarropas, y caminamos por la calle como si estuviésemos en un video clip de J-Lo, siempre con un ventilador imaginario un metro adelante y mirada sexy. A los varones les gusta como nos cae la temporada, y acompañan luciendo el producto de sus horas de gimnasio, portando la inocente camisa blanca delatora tan difícil de llevar, para la que se prepararon durante todo el invierno.

A Juan no le importan los atuendos textiles, pero sí los de la naturaleza. Está contento porque la primavera va a abrigar a los árboles cubriéndolos de flores. Su preocupación por el frío que sufren las ramas se acabará, porque ellas estarán alegres, van a estar más… “más peinadas para arriba mami”. La primavera infantil trae a sus ojos que las personas estén felices, y según él, que se enamoren fácilmente porque hace calor. Ya lo descubrió, creí que lo asociaría en la adolescencia, no tan temprano -la inocente soy yo-.

En este calor que genera amores, él detecta si una persona está enamorada o no por su aspecto:

Mira a Cori con la cabeza llena de espuma Mami, parece una persona…

-¡Es una persona Juan!

Sí, pero parece una persona como algo enamorada

-¿Por?

Porque se le hicieron rulos…las personas de rulos están enamoradas.

Como casi todas sus afirmaciones, el camino para llegar a la melena melosa, imposible descifrarlo. Calvos y lacios, no se desanimen por favor.

Sí está comprobado que el  21 de septiembre todos quieren tener un amor, alguien con quien salir a cenar o a quien regalarle una flor. Las flores cambian el humor, sino pregúntenle al vendedor ambulante de mi barrio cuando me vio la cara al descubrir que había cambiado pañuelos descartables por mis amadas fresias… y a la corrida me largué, con música mental de Carrozas de Fuego y $15 en mano gritando ¡Llegaron las flores! ¡Llegaron las flores!

Llegaron hasta mi casa, y al hotel también, aromas y colores. Aunque en el hotel siempre parezca Septiembre, todos practicamos la sonrisa con quienes vienen a compartir los días con nosotros. Y esa primavera, real o no, no la genera un aire acondicionado en el lobby, la provoca las ganas de hacer sentir bien a quienes están lejos de su casa. La sonrisa es poderosa, casi como un “¡Buen día!” genuino, mirando a los ojos y con el deseo real que esa persona lo experimente. Las expresiones tienen un peso que a veces no dimensionamos lo suficiente. No quiero al “buen día” con el mismo tono de un “pasame la sal” mirando al piso. No cuesta nada hacerlo bien, y vale mucho.

Reciban cinco saludos de esos, y van a ver como comienzan la jornada con otra energía. Me encantaría que la señora que viaja todas las mañanas conmigo leyera esto a ver si en un acto de locura algún día me devuelve un gesto. Hace meses que me mira y me mira. Nunca responde, aunque yo sigo insistiendo… ¡Cómo le cuesta! Ya le va a salir, yo seguiré probando. Sería más fácil callarme y no gastar energía, como algunos dicen. ¿Cuánta energía puedo gastar en dos palabras más un gesto cordial? Mínima.

Juan desde que aprendió a hablar saluda a todo el mundo. Tenía dos años apenas cuando entraba a los negocios gritando su espontáneo ¡Holaaa! y si la gente no respondía, exclamaba desconcertado: ¡¿No habla?!… y ante la incomodidad, venía el saludo posterior y su sonrisa por haberlo logrado.
Alineada con mi hijo, seguiré entonces con estos gastos mínimos de energía que hacen bien. Es como portar un gimnasio facial. Sonreír libera endorfinas, reduce el stress, rejuvenece, genera amistades, y encima… acérquense que se los digo bajito… es gratis… wooow.

Sería bueno que el próximo invierno no nos quite la costumbre. Si nos tapa la bufanda, que los ojos igual se achinen.

Cambia el clima. Cambia el humor. Vienen cosas nuevas-buenas. ¿Las trae realmente la estación o las generamos nosotros con una mejor predisposición? Me inclino por lo segundo.

Para mi Septiembre es el inicio hacia la meta. Arranca la última parte, los cuatro meses más brillantes para llegar al 31 de diciembre, ese día D que tenemos en la cabeza, que cierra ciclos que queremos que concluyan y corona éxitos para dejarnos con la sensación de que fue un buen año. ¡Y es un día! Sólo un día, pero tan simbólico que uno se convence. ¿Y si les digo que mañana es 31? ¿Raro, no? ¡Qué vértigo! ¡No llegamos! A qué será que no llegamos… Uno pone tantas expectativas en ciertas fechas, que ya hasta estoy convencida que el recurso es válido.

Esperaba este mes luminoso, yo a Septiembre lo quiero, me ha dado satisfacciones, me ha traído amores. Antes de una primavera supe que me convertiría en mamá por primera vez. Otro septiembre trajo a mi hija y la inolvidable sensación de pasar mis labios por su cabeza de duraznito, por esa pelusa casi invisible, y ese olor a recién nacido indescriptible. Primavera adentro mío, así hubiese sido en el más crudo invierno, lo hubiese sentido igual.
Y sí, estoy enamorada… ¡Y tengo rulos! A Juan le cuadra todo. Rulos que quise aplastar durante años y ahora solté, y con ellos se soltaron algunas ideas, algunas sensaciones.

Llegó la temporada alta, la que más me gusta, la sensorial, que deseo que renueve humores y maximice la espontaneidad. La que activa sonrisas y deseos. La que se prepara para las fiestas.

Llegaron los cuatro fantásticos. Señoras y señores, a disfrutarlos, es casi una orden.

Madre Hotelera

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Acerca de Hotel Madero

Hotel Madero es el lugar elegido por viajeros de negocios y turismo de todo el mundo. Cuenta con 197 amplias habitaciones, 7 salas de runión equipadas con la mas alta tecnología, restaurante, bar, spa y sala de musculatura, y el mejor servicio personalizado.
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Una respuesta a Los cuatro fantásticos, por Madre Hotelera

  1. Mariana Socorros dijo:

    Viva Septiembre y viva la primavera!!!! Que salga el sol y con él las sonrisas!!!!

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